Hace
un tiempo anunciamos con un amplio reportaje que la Costanera del
Estrecho está dañada y con numerosos rayados. Esto se viene produciendo
desde hace mucho tiempo en diversos lugares de Punta Arenas, pero se
masificó con el estallido social en octubre de 2019. Y poco se ha hecho,
pese a que en el último mes algo se ha hecho por recuperar el casco
central de la capital magallánica. También ocurrieron destrozos de
paraderos y ataques a la infraestructura pública y privada. Incluso el bello patrimonio cultural que posee nuestra Región de Magallanes fue fuertemente
afectado y podemos esperar lo peor, porque vemos la indefensión en que
se encuentran los patrimonios arquitectónicos y culturales de la ciudad.
No queremos llegar a ver que a pesar de que la ley de Monumentos
Nacionales contempla incluso penas de cárcel para quienes dañan estos
hitos, en los hechos,
es una legislación que no disuade, permitiendo que la destrucción
ocurra en total impunidad como ya hemos visto tras el estallido social.
En otras zonas del país ya están acostumbrados a estos hechos y por ello
el país no parece haber tomado conciencia de los alcances que provoca
este tipo de vandalismo. Esas malas costumbres ya están llegando a
Magallanes y lejos vemos a aquellas ciudades limpias y lejanas de esos
hechos delictuales. Hoy, hay que solo darse una vuelta por el centro de
Punta Arenas y ver que proliferan molestos e invasivos graffitis,
rayados sin sentido y afiches publicitarios, lo que además de afear el
entorno, implica millonarios costos para los propietarios y la
Municipalidad. Nadie lo ve como un “arte urbano”, salvo las afiebradas mentes que incurren en esto.