Razones para dialogar

En
democracia, existen fundadas razones para dialogar y, para hacerlo, se
necesita contar con argumentos certeros. El proceso de diálogo se basa
en la razón y ésta lo legitima como el único método de gobernanza. Tanto
las palabras, como la voluntad para lograr acuerdos, siendo ambas
importantes, no son por si solas suficientes. Únicamente los argumentos
permiten lograr objetivos. La simple convicción, definida por la RAE
como “idea religiosa, ética o política a la que se está fuertemente
adherido”, no basta. Al dialogar sob
re
la base de argumentos, el “creo que, opino que, siento que” al que
tanto recurren los representantes de la clase política para plantear sus
ideas, no constituye sustento sólido para un intercambio exitoso. Cada
vez que un asunto nos concierne o que estén en juego nuestros derechos e
intereses, todos estamos llamados a expresar una opinión para
enriquecer el debate, pero, en última instancia, para adoptar
decisiones, debe argumentar el que tiene la legitimidad para hacerlo, y
es el contenido técnico de lo expuesto, lo que permite aclarar, orientar
y resolver.

Para
que sea eficaz, el diálogo debe prepararse y, como los asuntos sobre
los que hoy se discute se han complejizado tanto, es el razonamiento, y
únicamente éste, el que debe primar. Para ilustrar lo afirmado, tomemos
como ejemplo algunos temas del actual acontecer: la situación económica
obliga al gobierno a adoptar medidas antinflacionarias, generalmente
impopulares y, su aplicación conlleva a sobrepasar varias consignas que
sustentaban aquellas movilizaciones que conferían identidad a miembros
de su coalición; el incentivo a la inversión extranjera, anunciado
recientemente, cuestiona a sectores que hasta hace poco la denunciaban
como responsable de nuestros endémicos males; la conducción de la
política exterior, tradicionalmente considerada como un tema de Estado,
está actualmente entrampada por el amateurismo y por constantes errores
con sucesivas disculpas, sin aceptar que este asunto debiera manejarse
con el profesionalismo que amerita su importancia; la ratificación del
Tratado Transpacífico (TTP11) sobre el que, basados en convicciones
ideológicas, se expresan argumentos de poco fundamento, cuando no
desmesuradas acusaciones de pérdida de soberanía, exige comprender la
globalización del comercio y que nuestra única opción es insertarnos de
la mejor manera posible en él.

En
cuanto a la deterioración de nuestra convivencia social que tanto
afecta a la gente, ésta nos plantea la necesidad de alcanzar
urgentemente acuerdos para combatir la violencia y el narcotráfico, para
controlar el flujo migratorio, poner atajo al terrorismo en la macro
zona sur y al infantilismo

destructor de buses, luminarias y colegios. Se trata de asuntos en los
que solo el razonamiento es válido, y éste contradice muchos dogmas y
proclamas defendidos en calles y anfiteatros universitarios.

En
lo institucional, el diálogo actual debería alcanzar acuerdos a corto
plazo para canalizar, tanto la expresión de la voluntad de cambio
expresada por la ciudadanía en el plebiscito del 2020, como en el
reciente rechazo de septiembre, y dotarnos de nuevas reglas que permitan
una mejor convivencia basada en el reconocimiento de derechos, la
imposición de deberes y una organización moderna del Estado. ¿Qué otra
opción tendríamos entonces, que no fuera dialogar con sólidas razones?

La
complejidad de los temas expuestos a título de ejemplo, necesita de la
inteligencia de todos. Las razones son esenciales para el diálogo y la
gobernanza; y, o bien los encargados de lograr acuerdos cuentan con la
formación y la experiencia para exponer argumentos, o bien los buscan,
recurriendo a expertos en cada uno de los temas en discusión. Porque la
ignorancia obstaculiza el diálogo, como ta
mbién lo daña el actuar
sobre la base de ideologías sesgadas que buscan alcanzar el poder fuera
de los cánones democráticos, recurriendo a la amenaza o al chantaje con
la calle.

Seguiremos
entonces perseverando en esta tesis que, no por ser de sentido común,
podría desmerecer ante las sofisticadas interpretaciones de académicos y
analistas. Solo el diálogo racional logrará disminuir la violencia y
alcanzar los acuerdos que Chile más que nunca necesita.

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