Rebelión en la granja de los animales

En
esta columna déjame recomendarte un libro; se trata de la Granja de los
Animales escrita por George Orwell, el mismo de la brillante obra
“1984” que inspira en alguna forma la época de los Reality Shows y el
concepto del Gran Hermano. Pero bien, el libro en cuestión comienza
cuando Jones, el granjero y dueño de la “Granja Manor” va a dormir y al
apagar la luz de su velador comienza un gran alboroto entre los
animales, en donde el Cerdo Viejo Mayor -el más sabio de la granja-
quiere comunicar al resto de los animales un sueño que ha tenido la
noche anterior. Es una visión sobre la desaparición del hombre el cuál
es el único enemigo real que tienen los animales, de hecho, para este
sabio cerdo el sacar al hombre de su entorno permitirá que todo el
trabajo realizado por ellos en la granja les será propio y les permitirá
salir del sistema totalitario en el cual viven. Este Viejo y Sabio
Cerdo incluso había afirmado que ningún animal debería vivir ni adoptar
la costumbre de aquellos hombres abusadores y menos tiranizar a sus
semejantes, ya que todos somos iguales.
Al
poco tiempo, muere el Sabio Cerdo dejando sus pensamientos insertos en
jóvenes animales que desean una sociedad mejor y que les permita la
libertad y el ser dueños de su propio trabajo. Lograr aquello no es
sencillo, requiere organización. Y para esto, los animales se rebelan
ante el dueño de la granja actuando agresivamente y llevando a una
explosión ante los malos tratos que en el transcurso de su vida
vivieron. En dicho estallido y liderados por los cerdos -que para el
autor eran los animales de mayor inteligencia- logran apoderarse de la
granja y para convencer a los indecisos adoptan un lema: “cuatro patas
si, dos patas no”. El lema era sencillo y reducía a la mínima expresión
los complejos mandamientos que antes habían escrito y que eran difíciles
de memorizar por el resto de los animales. La idea de fondo es que
todos piensen igual y entiendan la importancia de la unión ante el
hombre opresor.
En
el transcurso de la obra y como era de esperar, el liderazgo de la
granja cae en manos de cerdos jóvenes: Napoleón y Snowball ambos
representantes de la elite de los cerdos. No obstante, una duplicidad en
el liderazgo nunca ha dado resultados, de modo que, ante la existencia
de algunos desacuerdos, Napoleón decide expulsar a Snowball de la granja
y para esto, utilizó algunos perros incondicionales que montaron
guardia día y noche. Napoleón -ahora líder absoluto- decide que su
seguridad corre peligro, en especial, por que algunas granjas vecinas
lideradas por hombres ya habían anunciado su preocupación por los
acontecimientos que estaban ocurriendo al interior de la granja de los
animales. Es por ello, que el joven cerdo decide trasladar sus aposentos
a la casa “Manor” ex propiedad del granjero Jones y colocar a los
perros como principales guardias de todo el recinto. Esto causa sorpresa
para el resto de los animales ya que rompe las antiguas enseñanzas que
habían aprendido del Viejo y Sabio Cerdo. Sin lugar a dudas aquello no
era parte de la esperanza que llevó a la rebelión en la granja. De
hecho, la desilusión se incrementa cuando un día, uno de los animales
observa por la puerta de la casa patronal y asombrado ve como los
jóvenes cerdos intentan caminar en sus dos patas traseras; lo hacían
torpemente, pero con gran equilibrio. Otros cerdos incluso habían
adoptado las viejas costumbres de los hombres, bebían whisky, fumaban
tabaco e incluso recibían dinero. Las ovejas a la distancia le
recordaron a los cerdos el lema principal gritándoles “cuatro patas sí,
dos patas no”, pero al parecer los cerdos ya no querían escuchar.
Napoleón
el líder de los animales -para evitar los conflictos externos- decide
mantener relaciones amistosas con los hombres de las granjas vecinas y
para ello -y ante la sorpresa del resto de los animales- el joven cerdo
los invita a un almuerzo en la Granja Animal que ahora vuelve a llamarse
“Granja Manor”. Los cerdos habían adoptado todas aquellas costumbres
que quisieron erradicar, llevando a cambiar incluso algunos de los
mandamientos iniciales.

El
fin de la novela muestra a agotados animales que desde fuera miran por
la ventana el almuerzo celebrado entre los hombres y los cerdos en la
“Granja Manor”, pero ya era tarde, no fueron capaces de distinguir quien
era hombre y quien era cerdo… los jóvenes cerdos se habían mimetizado.

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