El
gobierno de manera frenética, busca aumentar recaudación tributaria,
para financiar su programa. Toda la retórica de la autoridad gira en
torno a entregar “beneficios sociales” a la población. El discurso
oficialista reitera la necesidad de disminuir brechas. Nada se dice de
educar a la población para que cada uno pueda progresar, no con regalos,
sino más bien, con esfuerzo y responsabilidad individual. Los mocosos
del INBA y también del Instituto Nacional, dedicados a tirar piedras, a
ponerse overoles blancos y a lanzarle bombas molotov a los cuarteles.
Además de necios, son cobardes, pues saben que los militares no les
pueden reprimir como se merecen. Este gobierno, y también los
anteriores, se han dedicado a fabricar nuevos ministerios, a aumentar el
número de burócratas sin preparación y a disminuir la jornada laboral.
Ya antes nos engañaron con el aumento del número de diputados y después
con la convención constitucional, en que se pagó importantes cifras de
dinero a constituyentes que no lo merecían y muchos de ellos que no
habían trabajado nunca. La cuestión es llenarse la boca con verborrea
que no conduce a nada. En Chile no existe una real medición de la
eficiencia del trabajo de los empleados públicos. Es muy difícil
despedir a alguien que trabaja para el Estado. Con los cambios de
gobierno, llegan nuevos empleados y nuevos asesores, amigos de las
autoridades de turno. En el lenguaje de los progresistas, se han
incorporado palabras tales como “un Estado robusto”, hablan de “análisis
comparado”, intentando poner a Chile en un nivel de país desarrollado.
Si las autoridades eliminaran los beneficios fraudulentos que se le
entregan a los exonerados falsos y sus descendientes, aportes a
entidades culturales de extrema izquierda, los fondos asignados para
compra de tierras vía
Conadi y los aportes que hace el Estado de Chile a organismos
internacionales como CEPAL, muchos recursos se podrían liberar para
fines relevantes. El gobierno cree que repartiendo bonos o subsidiando
actividades “culturales” mejorarán las cosas. Hay decenas de casos en
que recursos del Estado se utilizan de manera fraudulenta. Algunos
ejemplos: Publicidad de los 50 años de la maldita Ley de Reforma
Agraria. Programa de celebraciones de los 50 años del pronunciamiento
militar, lo que solo será gasto fiscal y cero aporte a la unidad
nacional. Recursos destinados a apoyar inmigrantes ilegales, a los que
se les da todo tipo de beneficios. Por otra parte, Codelco debería ser
privatizado, en mi opinión, hasta un 49% y de manera gradual. Esos
recursos deberían ser utilizados para mejorar la educación en Chile,
empezando por los profesores, quienes en alto porcentaje son comunistas y
ocupan las aulas para lavarle el cerebro a nuestros jóvenes. Cuando
asumió Boric, dijo que no habrían “pitutos”, que los sueldos de los
empleados públicos estarían limitados a un tope. Todo eso no se ha
cumplido. El presidente viaja en avión FACH a votar a Punta Arenas, en
vez de haber cambiado su residencia. La lista de “amiguis apitutados”
del presidente y sus compañeros de lucha es larga. Hace pocos días el
periodista Tomas Mosciatti, en uno de sus videos semanales, se explayó
con una larga lista de personajes apernados en el gobierno, los que en
su mayoría no cumplen con los mínimos estándares para asumir dichas
posiciones. En resumen, el problema de Chile no es recaudación, sino más
bien, ejecución eficiente del gasto público. En efecto, quienes han
sido nominados en cargos relevantes como Delegados Presidenciales o
Seremis, no tienen en su mayoría las capacidades y las competencias para
ejercer los cargos. La mayoría de ellos en el sector privado no
encontrarían trabajos con salarios ni la mitad de lo que ganan hoy. Su
“mérito” es ser del frente amplio o del PC o socialistas. Da pena por
Chile. El socialismo marxista y el comunismo lo único que han hecho en
todo el mundo es fabricar más pobres. Eso también pretenden hacer acá,
pero el resultado del 4 de septiembre fue categórico y contundente.
Ojalá que el joven presidente entienda, que la plata de los
contribuyentes debe ser bien usada y que el famoso “estado del
bienestar” es otra frase sin sustento. Los chilenos ya hablaron en las
urnas.