Rechazo a la clase política

En
los últimos días se han dado ciertos elementos que llevan a pensar que
la ciudadanía se cansó, si, se cansó de la clase política, se cansó de
políticos que no la representan realmente, se cansó de políticos que se
mueven por intereses personales y partidarios, pero que la gente siente
que se les ha dado la espalda, eso lleva a tener ciertas reacciones que
son palpables y claras, que se demuestran con ciertos hechos objetivos.

Viendo
las últimas encuestas, se percibe que hay un 56% de personas que
rechazan desde ya aprobar un nuevo texto constitucional, vale decir que
en el plebiscito correspondiente estarían por votar “En Contra”, solo un
20% está a favor también a priori y los demás corresponden a indecisos o
personas que no han respondido, pero ni aún la sumatoria supera a
quienes tienen adoptada la decisión de votar en contra de lo que se les
presente. Es claro que la gente siente que fue ninguneada por los
políticos cuando en el anterior plebiscito por el proceso mamarracho
constitucional anterior, claramente se votó por rechazar la propuesta,
pero los políticos, incluidos los de oposición, rápidamente, en lugar de
velar por el respeto del electorado, concurrieron a elevar un nuevo
proceso constitucional, en circunstancias que la normativa vigente en la
época, lo que disponía era la continuación de la vigencia del texto
constitucional actual, el que por cierto funciona y funciona bien.
Cuando uno consulta con la gente, los apellidos que más se repiten
dentro de la desilusión de las personas son los de algunos
parlamentarios, en concreto Chahuan, Schalper y Macaya, respecto de
quienes emiten diversos epítetos que denotan que la ciudadanía siente
que ha sido traicionada por ellos, por eso es que aún sin conocer el
contenido del nuevo texto que sería propuesto existe desde ya una fuerte
tendencia a votar en contra.

A
lo anterior debe sumarse la baja aprobación del gobierno, la que no
repunta debido a diversas políticas ineptas que la ciudadanía percibe
que van en contra de ella, que corresponden más a propuestas de hondo
contenido ideológico que se trata de imponer, pero que en nada dan
solución a los problemas que importan a la gente, sino que simplemente
satisfacen la intransigencia y tozudez de quienes hoy detentan el
gobierno, cuyos niveles de aprobación están por el suelo, lo que
técnicamente es preocupante, porque en la realidad ha perdido la
legitimidad de ejercicio, ya que ésta corresponde a los niveles de
aprobación de la gestión y esos niveles no logran hacerlos repuntar; y,
no es para menos, si todas las medidas que adopta son contrarias a los
intereses de las personas y llevan a empeorar la calidad de vida de la
gente. Es así, ya que cada medida lleva a bajar los sueldos e ingresos
reales de las personas, porque los niveles de inflación continúan y con
ello continúa el alza del costo de la vida, vale decir, se disminuye la
capacidad adquisitiva de las personas porque su dinero vale cada vez
menos, siendo uno de los factores preponderantes para ello la creciente
alza del precio de los combustibles, sólo la semana pasada la gasolina
subió en más de treinta pesos el litro y el diesel en más de quince; y,
teniendo en consideración que el principal medio de transporte es por
camión, en especial respecto de los alimentos, eso conlleva a que todo
continúe con un alza sostenida de los precios afectando directamente al
ingreso de la gente, a la capacidad adquisitiva de las personas, en
buenas cuentas haciendo que cada vez la plata alcance para menos; y,
para peor, se pretende una reforma tributaria que en definitiva, como
siempre, a quien va a golpear es a la clase media, a las personas que
trabajan en forma dependiente, a los profesionales, a las pymes, de modo
que se va a seguir afectando a los mismos de siempre, pero con una
creciente desconfianza porque claramente se percibe que el retorno del
impuesto no va a la gente sino a porosas manos de la política; así es
como se ha percibido, baste ver el tema de las fundaciones que han
obtenido ingresos millonarios de fondos provenientes del Estado, es
decir, de todos los chilenos, pero que no han ido a beneficiar a todos
los chilenos sino a unos pocos privilegiados que en definitiva han
resultado cercanos al gobierno de turno, por eso es que por ningún
motivo se puede aceptar y aprobar una nueva reforma tributaria que le
quite más ingresos a la gente.

Así
las cosas, existiendo una clara desconfianza por parte de la ciudadanía
respecto de la clase política, tanto de la oposición como del gobierno,
no es de extrañar que en forma mayoritaria exista la tendencia a priori
de votar en contra de cualquier texto constitucional que se presente.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS