Esta
semana, en un diario de circulación regional, se citan las palabras que
el director del Centro de Estudios Públicos (CEP), Leonidas Montes,
hizo respecto al momento por el cual atraviesa Chile: “es muy difícil no
sentir dolor y sufrimiento por la violencia y la destrucción que hemos
visto, violencia que termina afectando a los más vulnerables y a los más
pobres”.
Quizá
estas palabras hoy representan el sentir más profundo de la sociedad
chilena al ver que un movimiento que inició con un objetivo claro y
justo, como lo es la exigencia de un país más equitativo, terminó en
diversas jornadas de saqueos y destrucción irracional contra el
mobiliario público e incluso privado.
Entristece
profundamente ver cómo esta situación ha llevado a nuestro país a las
portadas de los diarios más importantes del planeta, obviando en muchas
ocasiones el verdadero sentido de las manifestaciones. Por ejemplo, el
medio alemán Deutsche Welle tituló esta semana, “En Chile triunfó la
violencia”, en una noticia relativa a la cancelación de la cumbre Apec y
Cop25, situación que el mismo medio califica como “una derrota para
Chile y para Latinoamérica”.
Este
no es nuestro Chile. Nuestro país es aquel que vimos en la “Marcha más
grande de Chile”. Aquel que salió a la calle acompañado por la familia y
amigos a
exigir pacíficamente ser escuchados y terminar con la injusticia
social. El derecho a manifestarse está establecido en nuestra
Constitución por lo que debe ser respetado, no así los actos vandálicos
que han puesto en riesgo la integridad de terceros y han acabado en
muchas instancias con el sustento precisamente de quienes se supone
buscan defender: los más humildes.
En
esa línea, resulta imperativo que transversalmente se repudie la
violencia que lamentablemente ha sido alentada por su normalización,
situación a la que, por cierto, han contribuido diversos rostros
políticos que no han tenido el coraje de rechazarla de manera tajante,
sin relativizar ni tratar de justificar actos que ciertamente son
indefendibles.
La
sociedad entera, pero sobre todo, quienes somos autoridades, debemos
ser absolutamente categóricos al respecto y rechazar en forma
irrestricta la violencia, de lo contrario, difícilmente será posible
superar el complejo momento por el que atraviesa nuestro país.
El
llamado es al diálogo en todos sus ámbitos, sobre todo en el ámbito
político. Con justa razón la sociedad pide -literalmente- a gritos
soluciones, y difícilmente estas serán alcanzadas con la premura que se
necesita, si aún hay políticos que justifiquen la violencia o se resten
de las instancias de diálogo que este gobierno se encuentra propiciando.
Aún
cuando por instantes el sentimiento descrito por el director del CEP
pueda reinar, ahora más que nunca requerimos de cohesión social y
tolerancia entre nosotros. Debemos desmentirle a Deutsche Welle y al
mundo que Chile no ha sido derrotado por la violencia de unos pocos,
pero sobre todo, debemos demostrarnos a nosotros mismos que Chile es capaz de superar esta y todas crisis por la vía del diálogo, tal como lo hizo en el pasado.