De
un día para otro nos preguntamos dónde están las figuras de la derecha
chilena; los mismos que hasta no hace poco tiempo eran Gobierno y los
que han llevado los destinos de ese sector en los últimos años.
Sin
decir adiós, así como si se los hubiese tragado la tierra, han
desaparecido de la primera línea Sebastián Piñera, José Antonio Kast,
Chadwick, Carlos Larraín y muchos otros conspicuos políticos que han
marcado una férrea defensa de los sectores más conservadores de Chile.
Es
difícil creerles la frase de rechazar para reformar (obvio que siempre
con mucho amor, que les ha caracterizado a lo largo de su historia),
cuando sus parlamentarios no han logrado aunar voluntades entre ellos
mismos, creando una tremenda incertidumbre de cómo actuarían en caso de
que obtengan un triunfo.
El
exministro del Interior, primo del mismísimo Presidente Sebastián
Piñera, decía con total convicción en ICARE, en marzo del 2018: “No
queremos que avance el proyecto de nueva Constitución de Bachelet”.
No
solo es Chadwick. En medio del debate del aborto de las 3 causales, el
por entonces diputado y hoy senador Rojo Edward se despachaba esta frase
para el bronce: “Despenalizar el aborto es tan grave como permitir la
esclavitud”.
¿Recuerdan
a Marcela Cubillos?, corría el año 2004 y al calor de la discusión
sobre la posibilidad de que las y los chilenos pudiésemos tener una ley
de divorcio, nos legaba este recuerdo: “En conciencia, conociendo el
daño que un quiebre matrimonial produce en los hijos, no puedo votar a
favor de una iniciativa respecto de la cual existen dudas de que, cuando
sea ley, pueda significar el aumento de rupturas”. Claro, a los pocos
años fue ella quien invocó esa ley y hoy está felizmente casada por
segunda vez.
Así
es como 8 de 9 senadores de Renovación Nacional anunciaron que votarían
Rechazo en el plebiscito de entrada para ni siquiera poder discutir una
nueva Constitución. Andrés Allamand a la cabeza, Francisco Chahuán,
Carmen Gloria Aravena, Juan Castro, Rodrigo Galilea, José García, Rafael
Prohens y Kenneth Pugh; además de todos los senadores de la UDI,
también se sumaban a mantener la Constitución del 80.
Entonces,
me pregunto yo, con ese historial, excesivamente resumido que he
intentado exponer en esta columna, por qué hoy les tendría que creer.
Señora, señor, también se opusieron a la educación gratuita;
despenalización de la homosexualidad (año 99 y en Chile seguía siendo
penado por ley la relación entre personas de un mismo sexo);
indemnización por años de servicio, y un sinfín de avances sociales, es
que tengo el convencimiento de que hoy no son garantes para decirle a
toda una población que hoy sí, por fin, se han dado cuenta que esto debe
cambiar e incitarlos a “rechazar con amor para una nueva”. No, no les
creo.
Nobleza obliga, han levantado una campaña muy transversal, tan así, que Llaitul y Gonzalo de la Carrera rechazan.
Para que Chile cambie, este domingo votamos Apruebo.