Alta
preocupación levantaron las devastadoras cifras que proyecta ONU
Mujeres, que hablan sobre el fuerte impacto de la pandemia del Covid-19
en la vida de las mujeres por la pérdida de ingresos, debido a las
consecuencias que tuvo esta situación en los sectores donde más
trabajan, como alojamiento, comercio y trabajo doméstico. El organismo
alertó que 47 millones de mujeres en todo el mundo entrarán en un estado
de pobreza extrema tras la crisis sanitaria, ampliando la brecha de
género.
Los
expertos reconocen que esta situación ha puesto en el centro la
necesidad de tomar medidas extraordinarias. Esto se ve agravado ya que
la pandemia amenaza a una generación entera de niñas que podría no
terminar sus estudios. De hecho, según el mismo organismo durante 2020
más de 11 millones de niñas en el mundo desertaron de su educación
escolar, esto nos obliga como sociedad a hacernos cargo por los derechos
de las mujeres y niñas.
Por
eso, creo fundamental, que debemos fortalecer las políticas existentes
en nuestro país para que las mujeres puedan reinsertarse en el mercado
laboral. Hemos perdido años de progreso, sí, pero podemos recuperarlos.
En el periodo más duro de la crisis, el Covid-19 había borrado 10 años
de inserción laboral femenina y por eso se hace cada vez más necesario, y
sobre todo en el contexto post pandemia, tomarnos en serio las
políticas públicas para reducir brechas que, en el último tiempo, se han
alargado más.
Por
otra parte, desde el sector privado, es necesario que nos comprometemos
a contratar más talento femenino para apoyar a las mujeres. Chile sufre
los embates económicos de la pandemia y esa anhelada recuperación se
puede conseguir gracias al impulso de la fuerza laboral femenina. La
crisis económica provocada por la pandemia impactó de forma
significativa la fuerza de trabajo, y ese efecto fue aún mayor sobre el
empleo de las mujeres, y peor aún, la recuperación ha sido desigual
entre hombres y mujeres.
De
acuerdo al PwC Women in Work Index, que mide el empoderamiento
económico de las mujeres en 33 países de la OCDE, Chile anotó un fuerte
retroceso. Nuestro país alcanzó los 42,7 puntos en el
índice general, lo que lo deja en un nivel similar al obtenido en 2011,
es decir, retrocedimos una década de avance en materia de
empoderamiento femenino en el ámbito laboral. Y para revertir esta
situación, se estima que el progreso hacia la igualdad de género debe
ser dos veces más rápido que su tasa histórica.
Que
el empleo femenino se vea más afectado que el masculino es una dura
muestra que las desigualdades aún persisten en nuestra sociedad. Hemos
avanzando, pero todavía falta mucho camino por recorrer. La pandemia es
una oportunidad para reconfigurar este escenario de desventajas, poner a
la mujer en el centro de la recuperación económica por medio de
incentivos y regulaciones para incrementar la empleabilidad femenina
-especialmente en sectores donde no participan-, potenciar habilidades y
sumar esfuerzos del ámbito público y privado para cerrar la brecha de
género en el contexto de la nueva normalidad.