Recuperemos la tranquilidad de Magallanes

¿Recuerda cuando
dejábamos las llaves del auto puestas o las bicicletas en la calle y
nadie se las robaba?. Evidentemente esta pregunta la podrán responder
los(as) magallánicos(as) antiguos(as), aquellos que tenemos esa
tradición de buena crianza y respeto por lo ajeno y por cada vecino. Por
estos días, esos recuerdos de un Magallanes seguro ya quedaron atrás.

En
agosto recién pasado, se produjo el robo de un vehículo con
violencia. Carabineros, al llegar al lugar, procedió a la detención de
los sujetos. En los alrededores del sitio del suceso, se encontró un
arma de fuego que era portada por los individuos, así como
aproximadamente 18 gramos de cocaína, confirmada mediante prueba de
campo realizada por el personal de OS7.

El
domingo pasado, fue robado el local Mohicano Jeans, en calle Bories,
casi esquina con Avenida Colón, en pleno centro de Punta Arenas. El
dueño del local recibió la alarma: eran cerca de las 04:00 horas cuando
se activó producto del ingreso no autorizado de uno o varios
desconocidos. Este viernes, un nuevo afectado por la delincuencia
desatada en la región sufrió las consecuencias, se trata de la joyería
Barraza, un empresario regional que lleva varias décadas invirtiendo en
la región.

Para
algunas personas, este fenómeno se podría asociar al natural
crecimiento de las ciudades y de las comunidades, a la inmigración y a
una serie de factores propios del estudio antropológico del ser humano.
En lo personal, tengo la convicción de que este fenómeno tiene como
principal factor la desidia e incompetencia de las autoridades para
prevenir y anticipar este tipo de hechos.

Para
lograr anticiparse, se requiere desarticular cada clandestino del que
se tenga conocimiento, un control permanente de locales nocturnos,
patrullaje permanente cerca de los establecimientos educacionales para
desincentivar la venta de drogas a nuestros hijos(as), fiscalizaciones
aleatorias en calles de la ciudad para encontrar las rutas de la droga,
monitorear todas las redes sociales existentes para observar las
dinámicas de la venta, revisar la actividad económica de las nuevas
iniciaciones de actividades, invertir en multiplicar la instalación de
cámaras de seguridad, en la compra de scanners para revisar cada maleta,
bolso, encomienda, caja, contenedor o cualquier objeto de entre y salga
de la región, monitorear las fronteras y pasos no habilitados para
“quebrar las rutas no convencionales” de mercaderías y “otras cosas”, y
generar las condiciones para devolverle la tranquilidad a la comunidad
magallánica y volver al sitial de “región segura”, esa que teníamos hace
años y que estamos perdiendo por tener autoridades blanditas y
pusilánimes, que no tiene claras las prioridades de una sociedad que
está cambiando, y que los dejó atrás.

La
delincuencia y el crimen organizado requieren de otro tipo de
autoridades, esas que no le tienen miedo a tomar decisiones y enfrentar
este flagelo con valentía y decisión, porque de no hacerlo ahora,
después no podremos controlarlo.

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