Red Bull te da alaaas

Así
como lo vimos en el dramático final del partido de la U. o en la
emocionante vuelta final de la carrera de F-1, la llegada de la fecha
del balotaje presidencial está allí: en la última curva.

La
necesidad de recurrir a nuevos jugadores y neumáticos nuevos ha
obligado a cambios de último minuto y a un despliegue envolvente no
previsto que ha llevado a los equipos de gestión a salir con todo para
hacer “ese” enfrentamiento final. Como en ambos eventos deportivos, la
llegada será estrecha y muy fina y no dependerá solo de la imagen sino
de las instrucciones de la banca.

Ya
no es necesario seguir buscando adherentes porque la gente con la cual
se cuenta ya ha tomado posición y los que participarán del proceso son
los que han decidido su voto o simplemente se quedarán en sus casas
decepcionados del sistema, y eso no va a cambiar en la última semana.
Son muy pocos los que se irán del estadio antes que el partido termine y
se lamentarán no haber visto el final. La mayoría esperará el pitazo
final que será el recuento al 60% o más de las mesas receptoras de
sufragio antes de sentirse ganadores o comenzar a rumear la derrota.

La incertidumbre y desesperación
no serán buenas consejeras, pues mostrarán sus verdaderas y únicas
caras (y ni aun eso alterará a sus adherentes). Todos hemos visto u oído
arrebatos explosivos, imputaciones erradas y carentes de sustento,
rayando en situaciones delictuales. Son como las reacciones de los
conductores cuando comentan por radio con sus asesores sus
frustraciones. Errores de concepto, ignorancia jurídica e imputaciones
de hechos que obligan a dar explicaciones, aclaraciones y pedir
disculpas mientras el p
úblico
se satisface con los derrapes y las faltas tácticas del contrario que
sacan insultos contra los árbitros. Se dan gritos y vítores, y
apasionados justifican irreflexivamente las agresiones a pesar de que
íntimamente reconozcan que estas están mal y que los exponen a las
tarjetas amarillas por el juego sucio.

Con
un Congreso empatado será imposible desarrollar políticas extremas, sea
para una zanja, para detener personas con una exacerbación de los
estados de excepción o para reformar la institución de Carabineros de
Chile, razón por la cual ha sido necesario entrar a pits y cambiar
equipos y tratar de mantener a sus votantes femeninas luego de
impresentables declaracione
s
de los nuevos “Florcitas Motudas” que adornarán el Congreso. Tardía
reacción, porque como aconteció, el safety car entra al turbarse la
carrera y sus paños fríos reducen la adrenalina, adormece conciencias y
obliga a adoptar decisiones que pueden llevar a cometer nuevos y fatales
errores. Así mismo fue que nadie cuidó al poco apreciado Junior
Fernández y los amigos de la U. despertaron de una horrible pesadilla.
Equilibrio necesario para que el próximo año esto se vuelva entretenido.

Hamilton
tenía las llantas cansadas y especuló mientras que Max Verstapen entró a
pits y puso ruedas nuevas: paradójicamente “las
rojas”
(que inmediatamente aterraron al alemán equipo Mercedes). El silencioso
safety car salió de la pista en la última vuelta y los desconcertados
alemanes anunciaron reclamos. Muy similar a la silenciosa llegada de
Bachelet que salió del aeropuerto dejando su aroma en la pista y
amenazas de reclamo si le llega a sonreír siquiera a alguno de los can
didatos.
El holandés accionó su DRS y se disparó. Como lo dice su propaganda,
Red Bull le dio alas y aceleró para ganar la carrera en esa, la última
curva.

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