Reflexiones sobre el abuso

Un
buen amigo que se reputa a si mismo marxista, a menudo liga la idea del
sistema capitalista con el de “abuso”. Consiguientemente, plantea que
el cambio constitucional en Chile en el sentido que su corriente
pretende, terminaría con dichos “abusos”. Pues bien, me he puesto a
reflexionar sobre la verdad de sus afirmaciones, y previamente, sobre el
concepto de “abuso” a que se refiere y si es algo inherente a un
sistema económico y supuestamente erradicable con la supresión del dicho
sistema capitalista o, como repite como mantra sofista el “progresismo”
hacia la nada, el “neoliberalismo”. Y me he encontrado con muchos
conceptos y aplicaciones de la palabra “abuso”.


Obviamente y sin entrar siquiera al ámbito internacional, donde
naciones poderosas abusan de otras más débiles, lo veo desde el punto de
vista de relaciones entre personas. Un matón abusa de los débiles, y
les pega. Un hombre, y también puede hacerlo una mujer, comete abuso
sexual sobre individuos más débiles, adultos y niños. Se abusa de los
ancianos, parientes muy próximos se apropian de sus escuálidas
pensiones. Pero ninguno de estos abusos tienen que ver con el sistema
capitalista, más bien son inherentes a la naturaleza caída del ser
humano.


Entonces me voy al ámbito contractual, de los actos y contratos, de
los negocios jurídicos entre personas. En el ámbito civil encuentro con
que nuestro antiguo Código Civil recoge una serie de figuras tendientes a
frenar los abusos contractuales, como la declaración de nulidad,
absoluta y relativa, la rescisión por lesión enorme, la responsabilidad y
la obligación de indemnizar perjuicios, y muchas otras. Sí, existen
abusos, pero la ley establece las formas de frenarlos y remediarlos. Me
voy al ámbito comercial, Código de Comercio y legislación accesoria.
Está llena de mecanismos tendientes a evitar el abuso entre
contratantes, regulaciones para prevenirlos, y acaso como en ningún otro
ámbito, en varios instrumentos adicionales a las instituciones del
Código Civil, se esfuerza al menos en el papel, en evitar el “abuso de
la posición dominante”, ya que cada vez más los particulares nos
relacionamos con empresas de todo orden cada vez más grandes y poderosas
que de una u otra manera tratan de imponer las reglas del juego
económico. Y en estos ámbitos está le esencia misma en lo jurídico, del
“capitalismo”. Sin embargo, ¿qué mecanismo es el que mejor protege a un
particular que se siente o es abusado por una contraparte poderosa?
Simple: la competencia y la libertad de elegir, el cambiarse a otro
proveedor de bienes y servicios necesarios. Y esa salvaguardia más que
las leyes, es la mejor protección contra el abuso entre particulares.

A contrario
sensu, donde no hay competencia ni libertad de elegir, aunque existan
leyes reguladoras, habrá siempre más abusos de quien necesita y no tiene
alternativa. Las personas se relacionan coordinadamente, sin embargo,
donde no se puede elegir, la persona se subordina. Y esto ocurre siempre
en la relación entre la administración, el Estado, y los individuos,
donde no existe alternativa, ya que los servicios del Estado son por
esencia, monopólicos, únicos. ¿Y alguien podría negar que en esos casos
si existen abusos? El Estado en sus múltiples manifestaciones es un gran
abusador, implacable, que toma el tiempo, los recursos y las
necesidades e ilusiones de los individuos; les saca impuestos a fondo
perdido sin contraprestación real y efectiva. Y Ud. no puede decir “me
aburrí, me cambio de compañía”, no tiene alternativa. Y mientras más
grande el Estado es peor, y ello caracteriza a los sistemas socialistas.
Luego, el abuso capitalista es evitable y anulable en muchos casos, en
el sistema socialista no hay opción. Y aún hay sistemas socialistas en
el mundo en que ciudadano que reclama es encarcelado o muerto.


El abuso en las relaciones jurídicas pactadas o decididas, por
oposición a las familiares o estrictamente legales, evidentemente
existe, y se produce por la naturaleza humana, pero no está establecido
en normas jurídicas sino al contrario, aunque los hombres hacen la ley.
La evidencia empírica demuestra que hay mucho más abuso de la posición
dominante en un sistema socialista, estatista, que en uno de libertad,
capitalista o como lo llame.

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