El
pasado 4 de septiembre nuestro país tomó una decisión crucial para su
futuro. Decisión que, por cierto, fue histórica, tanto por su relevancia
como por sus impresionantes resultados. Chile, incluyendo a todas y a
cada una sus regiones, optó por rechazar una propuesta de Carta
Fundamental refundacional, de múltiples excesos y con evidentes defectos
jurídicos.
Tras
una semana del evento electoral con mayor participación histórica, el
cual finalizó con un holgado triunfo del Rechazo, es fundamental poner
la pelota en el piso. Debemos -antes de adoptar decisiones relevantes-
analizar las razones del fracaso de la Convención Constitucional y
reflexionar sobre los anhelos más profundos de nuestro país.
Mi
primera reflexión, que extraigo como uno de los 155 protagonistas del
trabajo de la Convención, es que una parte importante de los
convencionales -la parte que realmente redactó la propuesta felizmente
rechazada- actuó con una soberbia incomprensible y, como señaló con
elocuencia Sol Serrano, con un desprecio lamentable del pasado. Con una
actitud diferente, con toda seguridad, el Apruebo hubiese ganado por una
amplia ventaja. Fue un error ignorar la opinión de los múltiples
expertos que nos advertían sobre los defectos jurídicos de las
propuestas, fue un error vetar a la centro derecha y fue una profunda y
grave equivocación pensar que las personas serían incapaces de
comprender que la propuesta presentada era una muy mala propuesta para
el futuro de Chile. Lamentablemente, muchos ex convencionales y
personajes políticos afines a sus ideas, perseveran en el error al
tratar de explicar su derrota culpando a los medios, a las supuestas
fake news o a lo que se les ocurra.
En segundo término, considero que el Presidente Boric actuó de forma irresponsable,
al jugársela indebidamente por una opción -el Apruebo- existiendo el
deber de prescindencia. Su irresponsabilidad no solo fue política, sino
que también con todos los chilenos, ya que el Gobierno debiera haber
dedicado sus energías a resolver las preocupaciones de las personas: los
problemas de seguridad, el alza en el costo de la vida, la situación de
la macrozona sur y el problema real de las bajas pensiones.
En
tercer lugar, estoy convencido que Chile Vamos no debe creer que esta
es una victoria que nos pertenece. En efecto, el Rechazo fue una
respuesta necesaria a una propuesta deficiente, maximalista y confusa. A
dicha respuesta necesaria adhirieron cientos de miles de personas
independientes y simpatizantes de otros sectores políticos.
Finalmente,
estimo que el sector que represento debe cumplir la palabra empeñada.
En efecto, se deben realizar todos los esfuerzos necesarios para
alcanzar acuerdos que permitan resolver la crisis constitucional, sin
dejar de promover las políticas públicas que permitan resolver
eficazmente nuestras urgencias sociales. La búsqueda de acuerdos para
continuar el camino constituyente, por cierto, requiere reflexión,
aprender de nuestros errores y exige que todos quienes quieran influir
en su diseño y participar en su implementación se comprometan
-realmente- a reducir los niveles de polarización y a condenar
enérgicamente cualquier intento de desestabilizar al país a través de la
violencia.
Chile
quiere paz, moderación y acuerdos. Chile exige, qué duda cabe, que
estemos a la altura. No desaprovechemos esta nueva oportunidad.