Regreso a la vida

Hace
un año nos sumergíamos en la nueva realidad de la cuarentena en
Magallanes. Hace un año, nos embargaba una completa incertidumbre, campo
propicio para despertar profundos miedos en la población. Desde hace un
año que vivimos en peligro y donde muchos chilenos han perdido la vida a
causa del virus.

Hoy,
mientras distintos gobiernos del orbe vuelven a extender restricciones a
las libertades de las personas imponiendo severos confinamientos
totales, los cuales adolecen de graves problemas para aquilatar su
eficacia, constatamos que no hay dudas respecto del negativo impacto de
los confinamientos en lo económico-social y en la salud física y mental
de las personas. Vivimos tiempos convulsos, extravío generalizado del
sentido común, lleno de zonas oscuras y la toma de control de gobiernos y
políticos sobre los ciudadanos.

Hemos
presenciado en estos últimos 12 meses de pandemia las mezquindades más
grandes, particularmente de muchos de quienes están llamados a liderar
el país. Lo más reciente es la discusión parlamentaria respecto de
posponer la elección de abril, donde buena parte de la oposición se ha
revolcado sobre sus intereses buscando la forma de que el Ejecutivo
pague el costo político del confinamiento. En total, nadie se enterará
que incluso han tratado de imponer la prohibición de las actividades
económicas “no esenciales” en todo el país, incluyendo en las comunas
que no están en confinamiento (Indicación propuesta por la DC y votada
favorablemente por todos los diputados opositores de la comisión de
Constitución). Aquí, en la región, los candidatos de la oposición andan
calladitos y sonrientes ante cuanto comerciante o gastronómico
encuentran en el camino, porque ahora que los magallánicos pueden
trabajar con cierta normalidad, cómo explicarles en plena campaña que
sus partidos y correligionarios quieren cerrar el comercio, aunque no
estemos en cuarentena.

Sabemos
que los confinamientos totales buscan reducir la movilidad de las
personas para evitar la interacción social y consecuentes contagios. Sin
embargo, hemos visto en estos días, que la movilidad se ha reducido
parcialmente. A su vez, existe evidencia que la distancia social reduce
la movilidad, pero con impacto menor en lo económico. También,
debiéramos estar de acuerdo que los efectos de un confinamiento se
disipan rápidamente, siendo más eficiente el distanciamiento social
voluntario. El distanciamiento social es antinatura, pero las personas
son más propensas a respetarlo en el tiempo que los confinamientos obli
gatorios.

Las
comunas de Magallanes viven su “veranito de San Juan”, ya que podemos
gozar de mayores libertades personales que gran parte del país.
Ciertamente, se echaba de menos poder tomar un jugo en un café o ver a
niños patinando en la pista de hielo de Zona Franca. Por eso mismo,
debemos actuar con plena responsabilidad y cuidar nuestra salud y
libertad. Lo mejor que podemos hacer, mientras la pandemia nos acompañe,
es ser rigurosos con las medidas de autocuidado, vacunarnos y mantener
el distanciamiento social lo más que podamos. El bienestar económico,
social y sanitario de todos está en juego, siendo más fácil seguir estas
reglas que caer en las penurias de las cuarentenas. En este Domingo de
Resurrección que celebramos el regreso a la vida de Jesucristo,
festejemos conscientemente y con alegría el gozo de nuestra libertad.
Conservarla, es tarea de cada uno.

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