El estallido social también modificó una serie de conductas en toda la población de nuestro país. Angustia, nerviosismo, estrés, desesperación llevar a tomar drásticas decisiones tras discusiones cara a cara o a través de redes sociales. Han sido días difíciles, que tienen en vilo a gran parte de la ciudadanía. Salirse de los grupos de WhatsApp, intercambios de opiniones diarias a través de las redes sociales, conflictos entre vecinos por diferencias de opiniones, peleas con desconocidos por falta de paciencia, amistades distanciadas por posiciones políticas opuestas. Estas son algunas de las situaciones a las que nos hemos visto expuestos durante las últimas cuatro semanas. Desde aquel viernes 18 de octubre, los cambios en el ánimo han sido evidentes y en poco tiempo se ha pasado por períodos de miedo, frustración, agresividad, violencia y, a veces también, esperanza. Los especialistas señalan que si estamos angustiados o si nos sentimos amenazados por lo que está ocurriendo, es fácil que pensemos en términos de blanco o negro, en que los buenos son los que están conmigo, y los que no están conmigo se convierten en enemigos. Las personas empiezan a radicalizar sus opiniones y el gran riesgo que conlleva es empezar a justificar la violencia hacia los que opinan de manera diferente. Existe una relación entre la frustración y la agresividad, donde el incremento de la primera trae la aparición de conductas agresivas.