El
pasado 18 de octubre de 2021 se conmemoraron dos años del mal llamado
“estallido social”, el cual dejó nuevos destrozos a la propiedad,
saqueos a diversos locales comerciales y, lo más grave, dejó personas
heridas y muertas. Tal cual como se lee, ciudadanos muertos por actos
vandálicos, como una mujer de 23 años que trasladándose en moto sufrió
un accidente y falleció producto de un cable acerado puesto por
desalmados en una calle de la comuna de La Granja, con el único
propósito de provocar daños físicos a quien cruzará fortuitamente por
ahí. Inmediatamente hago la distinción de que todos los sujetos que
mataron o hirieron a otras personas y realizaron daños a la propiedad
pública como privada debemos catalogarlos de delincuentes sin más
eufemismos. No son manifestantes, no son descolgados, etc., etc… son
delincuentes. ¡Basta! Chile ya se cansó del subterfugio comunicacional
de la extrema izquierda y sus adeptos, con la que se encubre cada acto
vandálico o incluso de sangre, ya que para ellos siempre las protestas
son pacíficas y desafortunadamente un mínimo grupo de “descolgados”
actúa de forma “inadecuada” y empaña sus “movilizaciones”. Esta
relativización, por parte de la extrema izquierda, de la violencia en
Chile ya la hemos vivido en varios episodios de nuestra historia y hablo
de los últimos setenta años al menos. Al ver CNN Chile y CHV, por
ejemplo, mientras mostraban en vivo los desmanes en Santiago el pasado
18 de octubre, sus periodistas recalcaban que eran incidentes menores
dentro del marco de manifestaciones pacíficas, al punto que mientras
filmaban y transmitían en directo a sujetos lanzando de todo a
Carabineros los calificaban de “manifestantes”. Ahora bien, si la
violencia se instaló y pasó a ser algo normal en nuestro país, también
existe una directa responsabilidad de los parlamentarios que no
aprobaron una ley antibarricadas o hicieron el intento de formular una
ley de indulto para los presos de la llamada “revuelta” y que, además, a
esos delincuentes se les distingue con la estampa de “presos
políticos”. No olvidemos que esa misma clase política, y en especial la
de extrema izquierda, llamó a quemar todo, a saltar los torniquetes y a
la desobediencia civil con las típicas frases como: “Con todo sino pa
qué”; “No fueron 30 pesos, fueron 30 años”; “Refundemos Chile”… y
cuántas consignas más que con el correr de los meses los chilenos se
dieron cuenta de que era simplemente eso, típicas expresiones vacías,
sin sustento, sin contenido, sin nada más que un mensaje de odio con las
que han tratado siempre de tomarse el poder por la fuerza y con
violencia en todo el mundo. Chile se Cansó, y no tan solo las encuestas
lo están reflejando, sino que en las elecciones del 21 de noviembre se
dará un verdadero golpe de timón a la izquierda radical, y en general a
toda la clase política chilena con el paso a segunda vuelta de José
Antonio Kast y la elección de una importante bancada republicana. Si el
18 de octubre de 2019, y los días posteriores, se hizo notar el clamor
de miles de personas fue precisamente por las malas prácticas que se
ejercieron en los años de democracia por parte de la clase política:
nepotismo, populismo, postergación y diversas otras injusticias que se
hicieron una práctica común en aquellos que pregonaban con la igualdad y
la justicia social, dejando verdaderamente de lado a quienes más los
necesitaban, los ciudadanos chilenos. La relativización de la violencia
va de la mano con todo lo que hoy es y se hace en Chile producto de la
clase política actual. Nos cansamos de las consignas, marchas,
desórdenes, caos y todo lo que tanto disfruta la extrema izquierda,
obligando a un Gobierno débil como el actual a legislar al tenor
populista de la vociferación y grito callejero de esos “manifestantes”.
Como si fuera poco, si un antisocial es detenido por desórdenes o tirar
bombas molotov, existen personas pagadas por el Estado, con los
impuestos de todos nosotros, custodiando su integridad física, frente a
la detención por parte de Carabineros. Al que le llegó la bomba o los
fuegos artificiales, ni por casualidad le preguntan cómo está. Si no me
creen, busquen en cualquier canal de televisión alguna nota o entrevista
de algún político de extrema izquierda condenando el asesinato de la
activista de DD.HH, Denisse Cortés Saavedra, estudiante de derecho que
recibió el impacto de un fuego artificial lanzado por un encapuchado
hacia Carabineros, el pasado 11 de octubre. En un principio, la
izquierda responsabilizó a la policía uniformada por la muerte de la
joven, pero al correr de las horas y ser exhibida la secuencia completa
de imágenes, quedó demostrado que la realidad fue muy diferente y uno de
esos “manifestantes pacíficos” había sido el responsable del hecho con
el lamentable desenlace. El asesino sigue prófugo de la justicia y fue
visto y grabado por ellos mismos. La violencia se condena venga de donde
venga y en eso no hay relativismos. Si a la extrema izquierda le
“agrede” que una persona quiera hacer cumplir el estado de derecho en
Chile, no se olviden, y recuérdenles siempre, que su lema en las
barricadas era “el que baila pasa”.