Renovando el compromiso con la educación

Aun
cuando restan algunas semanas para concluir el verano y por
consiguiente las vacaciones, nos embarga poco a poco la dinámica de lo
que significa la actividad propia de esta etapa del año. . . Mucho
movimiento en torno a las tiendas, librerías y comercio en general. Y
aun cuando muchos previsores lo habían hecho con bastante anticipación
siempre quedan temas pendientes.

Pude
observar como padres e hijos caminaban presurosos para adquirir los
útiles y accesorios que requiere un año escolar. Los más pequeñitos son
tema aparte. Ellos se lo toman muy en serio, exigen que los útiles
sean estrictamente los que figuran en el listado oficial.

Bueno,
el tema es que iniciamos un nuevo año y eso implica nuevos desafíos,
proyectos y propuestas con nuevas expectativas. El nuevo año, se asemeja
al cuaderno en blanco que retoman los estudiantes y en el cual
pretenden plasmar sus nuevos contenidos y en donde está el firme
propósito de que todo se hará impecable, sin enmendaduras, porque de ahí
emergen los nuevos conocimientos y aprendizajes.

Se
tiende a comparar en esta época, la del inicio del período escolar, con
lo que a la mayoría nos tocó vivir siendo niños escolares, pero los
tiempos y modelos han cambiado inexorablemente; esa fue una bella e
imborrable etapa idílica. Hoy los sucesos y acontecimientos de una u
otra forma influyen y otorgan nuevos matices.

Los
conflictos bélicos en determinados puntos geográficos, las frecuentes
crisis político-sociales, las permanentes amenazas de nuevas
enfermedades y pandemias que asolan a nuestra sociedad, hacen sin lugar a
dudas un especial, único y distinto escenario sobre el cual hoy nos
toca desenvolvernos.

Pero
hay algo que no puede modificar nuestra intencionalidad y propósito,
nuestros niños, adolescentes y jóvenes. En función de ellos y para
ellos, según el discurso, es que intentamos entregar un futuro más
promisorio; feliz, armónico, sustentable y en donde la convivencia deje
de ser una quimera y se transforme en realidad.

Destronemos
la agresividad, ese espíritu bélico que de un tiempo a esta parte se ha
ido adueñando de nuestra existencia. No puede ni debe continuar la
matanza de menores de edad de la forma y manera que hoy se hace y
quedarnos indiferentes.

Las
autoridades , más que ofrecer querellas y gestiones administrativas
ante el Poder Judicial, deben exhibir acciones de mayor envergadura
tendientes a dar escarmiento ejemplificador a quienes han tomado como
práctica habitual ensañarse con víctimas inocentes e indefensas.

Se
debe ser empáticos con los padres y familiares de quienes han sido
víctimas de estos crímenes que se han estado cometiendo. Esos actos
criminales no pueden ni deben quedar impunes. Hay responsables por ende,
deben pagar.

Nos
desviamos algo del tema, pero no tanto. Cada comienzo de año escolar es
una nueva oportunidad para renovar los esfuerzos por entregar a cada
niña, niño y adolescente, la mejor educación posible, permeada de
valores como la solidaridad, la empatía, la igualdad y la justicia que
debe primar en cada acción y proyecto.

Si
logramos que se comprenda algo de este mensaje universal y transversal,
habremos dado un nuevo paso importante en la misión de formar
ciudadanas y ciudadanos comprometidos con su comunidad.

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