Respetar la voluntad soberana con humildad y responsabilidad

El
Domingo recién pasado participamos todos de un acto eleccionario
impecable. Nuevamente Chile se erige como un país con una ciudadanía
responsable y respetuosa del estado de derecho, demostrando que es capaz
de soslayar cualquier tipo de dificultades y sobreponerse a ellas para
cumplir con un acto tan importante como lo era el plasmar su voluntad
mediante el voto secreto en la urna.

Haciendo
gala de ese derecho, los electores concurrieron tempranamente a los
diversos locales de votación a lo largo y ancho de la patria, para
asentar una vez más, su irrenunciable voluntad. Independiente de la
opción los chilenos le dimos una clara lección al mundo de lo que es la
cultura cívica construida entre todos durante mucho tiempo y de paso,
que nuestra voluntad y los destinos de Chile, no se transan ni cambia.
Esto, debe servir de advertencia para todo aquel que creía que la
conciencia de los chilenos estaba vulnerable y era presa fácil. No se
equivoquen.

Dicho
aquello, podemos concluir que lo más difícil y complejo, ya lo hicimos;
excelente organización, resultados expeditos, transparentes y
confiables, la actitud de los votantes respetuosa, los vocales
responsables y el accionar en las mesas ejemplar. Reitero, la pega
compleja y azarosa se hizo. Ahora viene la otra etapa, dar respuesta al
resultado que se obtuvo.

Es
el momento de interpretar, de manera seria y desprejuiciada sin
ambigüedades lo que los chilenos y chilenas dijeron que debe hacerse. Y
ahí es donde no debemos perdernos ni empezar a intentar sacar
conclusiones apresuradas lo que fue claro, preciso y perentorio.

Quien
pretenda desvirtuar o desperfilar aquello, está arriesgando y de paso,
alimentando el discurso y las arengas populistas y temerarias de algunos
que buscan la ocasión para llevar agua a su molino.

No
vale aquí el egoísmo y la calculadora para ver qué es lo que le
conviene solo a algunos grupos intencionados. Con tristeza hemos
observado durante la semana que pasó, como algunos que se creen
propietarios de la razón absoluta, con una soberbia sin límites pocas
veces vista y desde una superioridad moral agresiva, han disparado
contra esa mayoría que se expresó libremente, solo porque no pensaban
como ellos.

Resulta
imperioso repensar este tipo de actitudes y declaraciones que
claramente, no representan a todos y mucho menos a una sociedad que
pretende hacer las cosas bien en un contexto donde se busca, participar
en la conformación de un texto que nos involucra a todos los habitantes
de este territorio, sin distinción. Por eso es que suena fuerte y
violento escuchar a quienes buscan fomentar odio, cuando en realidad
deberíamos estar trabajando en encontrar puntos de encuentro.

No es tiempo de oportunismos, claro está y así lo han determinado los propios electores.

Chile
es una Nación libre y soberana, que jamás ha sido doblegada ni regida
por ideas ni potencias foráneas, por ende la voluntad reflejada el
domingo 4 de Septiembre último, es la voluntad soberana de todo un país.
Y aunque el resultado no sea del agrado de gobiernos totalitarios o
caribeños y otros encuentren que refleja el accionar cavernario de un
determinado sector, lamentamos comunicarles que esa es, la voluntad
soberana de todo un pueblo.

Ahora,
la responsabilidad y compromiso es acatar y llevar a cabo tal mandato.
Mi humilde recomendación es, a no jugar ni soslayarla y menos a tratar
de desvirtuarla. Cúmplase.

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