Respete para que lo respeten

“Respete
para que lo respeten”, dice una reconocida abogada y famosa
presentadora de televisión en Estados Unidos, y si bien, la frase no es
tan exacta, pues el respeto debe primar ante todo, incluso cuando
sentimos que no hemos recibido el respeto que merecemos, se ha
transformado en una especie de dicho popular, siendo transversal en los
países de habla hispana.

Y
es que a poco más de una década de haber entrado en vigencia la Ley N°
20.584 que regula los derechos y deberes de las personas en relación con
acciones vinculadas a su atención de salud, pareciera que hemos dado
pasos agigantados en relación a la reivindicación de los derechos de los
pacientes en general, sea del sector público como del sector privado.
Así, en el ámbito de los derechos de los pacientes, hemos ganado en
términos de disponer de información clara y comprensible del estado de
salud, en recibir una atención oportuna y un trato digno por parte del
personal del centro asistencial; y entre los deberes, están, por
ejemplo, entregar información veraz acerca de la identidad de los
pacientes, cuidar las instalaciones de las instituciones de salud y
equipamiento del recinto, respetar el reglamento interno del
establecimiento y tratar respetuosamente al personal de salud.

Afortunadamente,
con el tiempo, las personas hemos aprendido a exigir nuestros derechos y
a utilizar las herramientas dispuestas en la normativa para accionar el
ejercicio de la jurisdicción o la actuación de autoridades
administrativas, pero, lamentablemente, no es posible señalar que el
trato respetuoso se cumple totalmente hacia el personal de salud. Al
respecto, conviene precisar que en la vida cumplimos diferentes roles
según el papel que ejercemos dentro de la sociedad. Lo importante es
comprender que, independientemente del rol que se ejerza en determinado
contexto, no debemos olvidar que somos seres humanos, que compartimos
similares necesidades, aspiraciones y anhelos; que somos personas
relacionándonos con personas, y que detrás de ese profesional de la
salud, de ese médico o de ese funcionario, se encuentra un padre de
familia, una hija que cuida a su madre enferma o un joven que busca
pagar sus estudios.

En
una sociedad estresante como la actual, suelen presentarse situaciones
que pueden llevarnos a perder el control de nuestras emociones, como una
forma de expresar la molestia causada por ciertas incidencias, como
errores de sistema, esperas en la atención o una atención poco
satisfactoria, sin embargo, aquello jamás podrá servir de argumento para
incumplir los deberes exigidos en la atención de salud, como el trato
respetuoso hacia cualquier funcionario. Entonces, el llamado a la
comunidad es a informarse, a conocer sus derechos y a ejercerlos
debidamente, pero también a conocer los deberes asociados a una atención
de salud, pues la colaboración de los pacientes es fundamental para
lograr pleno desarrollo de la relación médico – paciente, un correcto
diagnóstico y una atención libre malos ratos.

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