El Covid-19 ha venido a despertar los miedos más profundos de nosotros, el temor a la muerte propia o de un ser querido. Es entendible que las emociones se expresen con vehemencia, aunque esto no ayude a la formulación y ejecución de correctas medidas sanitarias que requieren de sentido común, racionalidad y toneladas de evidencia científica. El control de la pandemia no solo depende del propio comportamiento, sino que también del comportamiento de todos los demás. Es paradójico, ya que la exitosa gestión de la urgencia no depende de un individuo, pero si de cada uno de nosotros. Sin embargo, esta aparente contradicción se aclara gracias a la voz única que debe liderar la estrategia para enfrentar la pandemia: el Ministerio de Salud, el cual es apoyado por el Consejo Asesor del Minsal para Covid-19 e integrado por expertos en salud pública (médicos colegiados de eximia formación académica y vasta experiencia). La estrategia de cuarentena progresiva no obedece a los delirios, cálculos políticos o deseos de figuración de personajes públicos, si no que es la respuesta racional de expertos de salud del Minsal, en concordancia con pautas dictadas por la Organización Mundial de Salud. Dicha estrategia tiene por objetivo ralentizar la tasa de contagio en el tiempo para no saturar el sistema de salud con atenciones derivadas de la enfermedad. Nótese que la mayoría de la población mundial debiera contraer el virus en el largo plazo y aún no existe una vacuna. Por tanto, la estrategia busca atender médicamente a todos los enfermos que lo requieran, no justificando una inmediata y larga cuarentena total de la población. Una medida de ese tipo, solo haría colapsar la provisión de bienes y servicios esenciales para la subsistencia de las familias, lo que obligaría a las personas al cabo de pocas semanas, salir de sus hogares y aglomerarse en los centros de venta de bienes de primera necesidad. Aquello, haría explotar la tasa de contagios en pleno invierno, golpeando bajo la línea de flotación a los servicios de salud y causando la muerte de muchos compatriotas. Desafortunadamente, algunas actuales y ex autoridades locales buscan vapulear las medidas del Gobierno y los expertos, exigiendo medidas extremas sin hacerse cargo de las consecuencias de una cuarentena total (toque de queda las 24 horas del día) anticipada. Todavía no conocemos experiencias exitosas de cuarentenas totales, ya que para ello habría que hacerle el test de Coronavirus a toda la población y habría que recluir en una isla solitaria a los contagiados asintomático o portadores sanos, práctica muy del estilo maoísta o estalinista. Obviamente, no van a ser ellos los que van a llevar el pan y pagar las cuentas de los hogares de los magallánicos.