Responsables o populares

Desde
hace ya un buen tiempo es evidente que las redes sociales están
logrando una influencia cada vez mayor en los tomadores de decisiones.
La tiranía de Twitter es implacable con quien no satisface los deseos de
la “mayoría”, más allá de si se trata efectivamente de una voluntad
mayoritaria o no. Un “tuitero” con muy pocos seguidores se arroga la
representación del pueblo para, en su nombre, designar lo que está bien o
está mal, a quién se debe aplaudir o quién debe ser quemado en la
hoguera. Es la dictadura del blanco o negro, donde no se admiten
“matices”, aunque se trate de argumentos.

Lamentablemente,
la sana costumbre de debatir ideas ha sido reemplazada por la lógica
del estás conmigo o eres mi enemigo, donde se niegan las razones y se
condena a quienes se atreven a esgrimirlas. Quienes tenemos la enorme
responsabilidad de legislar no somos, en tanto personas, ajenos a las
presiones y, en realidad, es parte de nuestra labor administrar esa
presión, porque siempre hay quienes no quedan contentos con nuestras
decisiones. Parte importante de nuestro trabajo es escuchar a todas las
partes de un problema para luego emitir un juicio pensando en resguardar
el bien común y lo mejor para nuestro país. Eso es legislar.

Hago
el preámbulo para referirme al tema del cuarto retiro del diez por
ciento de los ahorros previsionales. Primero, algunos antecedentes.
Cuando se discutió el primer retiro se dijo que sería por única y
excepcional vez -porque era una mala política pública-, debido a los
estragos de la, en ese momento, atemorizante irrupción de la pandemia
del coronavirus y sus terribles efectos en la vida diaria de muchas
personas que perdieron sus trabajos o se vieron imposibilitados de
llevar adelante sus emprendimientos debido a las cuarentenas, ¿se
acuerdan de las cuarentenas?

Tal
como se dijo en aquella oportunidad, nos habíamos encerrado para evitar
los contagios, y el Gobierno se demoró y fue mezquino con las ayudas
que permitían a las personas quedarse en sus casas para proteger su
salud. Las olvidadas ollas comunes volvieron a aparecer y detrás de
ellas se escondía una realidad terrible: el hambre. Entonces todas y
todos estuvimos de acuerdo en dar nuestro voto para resolver esa
necesidad primaria que golpeaba con dureza a los más pobres. De eso ya
ha pasado más de un año y ha habido dos retiros más en el intermedio.

Para
este cuarto retiro, que se supone busca ayudar a los más necesitados,
lo cierto es que quienes ya no tienen saldo en sus cuentas suman más de
cinco millones de personas que no verían ni un solo peso en esta pasada.
El Gobierno ha entregado ayudas económicas como no se tenía registro en
nuestra historia. Lejana y casi olvidada quedó la buena negociación de
la oposición para ampliar significativamente la cobertura del Ingreso
Familiar de Emergencia (IFE), en el entendido que con eso no se seguiría
por la vía de “los retiros” como mecanismo de ayuda. Sumemos además el
exitoso proceso de vacunación que ha permitido bajar los contagios y
terminar con las cuarentenas y el toque de queda.

En
el Congreso y en los medios de comunicación los técnicos de todas las
tendencias políticas han dicho que este cuarto retiro no tiene ninguna
justificación y que, de aprobarse, solo traerá consecuencias negativas
para nuestro país. Son argumentos claros, es evidencia. Pero la espada
de Damocles de las redes sociales pende sobre nuestro Parlamento y, con
las elecciones a la vista, su peso pareciera acrecentarse.

“Esto
es una mala política pública… Pero”. A partir de ahí los argumentos se
vuelven confusos. Por su puesto que es humano preferir la liquidez al
ahorro, y que siempre hay motivos muy razonables para justificar la
necesidad de contar con recursos hoy en vez de dejarlos para el futuro,
por algo las cotizaciones en los sistemas de seguridad social son
obligatorias. Lo curioso es que, si esto es tan malo, muchos lo utilicen
en sus redes sociales acompañados de amplias sonrisas y pulgares hacia
arriba dejando en claro que ellos sí están con el pueblo ¿No será más
bien momento de asumir con transparencia y franqueza el impacto de las
decisiones que se toman en el Congreso, pensar en Chile y, de paso,
recuperar y sostener las convicciones?

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