A
un año del inicio del infierno regulatorio, podemos sacar algunas
cuentas tristes e invito al lector a reflexionar. Hoy, se continúa
abusando del estado de excepción constitucional, en democracia no se
había tenido registros de utilizar esta medida, y de este modo, con
motivos de protección de salud de la población. Por un lado, a distintos
niveles se ha promovido el miedo y el chantaje sicológico frente a las
personas que gozan de buena salud y sacando cuentas, Chile lleva pausada
su vida más de un año por decreto, mientras la actividad política
penetra y sigue dañando el tejido social del país. El
Artículo 19 de la Constitución vigente es sumamente relevante, porque
establece los derechos y deberes constitucionales, y lamentablemente,
este abuso del marco regulatorio excepcional está vulnerando el derecho a
la vida y a
la integridad física y psíquica, se ha cercenado la unión familiar, el
encierro ha deteriorado la salud de las personas sanas, sobre todo en un
país que goza de altos índices de deteriorada salud mental, sobre las
consecuencias de ello, no hay respuesta. En 2°, la igualdad ante la ley
ha sido quebrantada, los políticos gozan de permisos especiales para el
traslado en sus distritos en campaña, los animadores de matinales son
trabajo esencial, mientras el ciudadano debe seguir encerrado en los
metros cuadrados de su hogar, vaya maldición si su familia se encuentra
en otra región del país. La
violación de la vida privada de las personas, con la complicidad de los
medios de comunicación hegemónicos, se ha vuelto el tema del día. No
existe protección a la vida de las personas, ni a su honra ni menos a su
familia, cualquier situación que vulnere el decreto del estado es
sujeto a juicio público y mediático, arruinando la salud mental del
afectado, instalándose incentivos inclusive a la denuncia de los
vecinos. Es sabido, que lo anterior es otro ingrediente para la
destrucción del deteriorado tejido social. En
el Artículo 19 5° se establece la inviolabilidad del hogar, y hoy para
todos es conocido que la misma institucionalidad de Contraloría General
de la República (CGR) emitió un dictamen para que sanitarios puedan
iniciar controles en domicilios. Para qué decir el 6° sobre libertad de
conciencia y ejercicio libre de cultos religiosos, hoy es sabido que es
más simple ir a un centro comercial que profesar y ejercer la fe. En el 7 establece
el derecho de los chilenos a residir y permanecer en cualquier lugar
del territorio nacional y así también su traslado. Llevamos un año,
donde eso es posible parcialmente, donde todo debe ser informado al
Estado, donde todo queda registrado en el aparato burocrático y donde
además ya algunos comercios, de manera inmoral, piden permisos estatales
a los individuos para permitir el ingreso, un episodio que usted está
viviendo tal como ocurrió en la Unión Soviética. Los arrestos a personas
que hacen deporte se ha vuelto pan de cada día y el Estado te dice si
puedes o no, cuándo y cómo puedes hacerlo. En
esta oportunidad tan sólo revisamos 7 de los derechos garantizados del
Art. 19 y no dimensionar la gravedad es extremadamente preocupante. En
resumen, se han vulnerado las libertades de reunión, de movimiento, de
culto, libertades económicas y de comercio, y también se ha incumplido
la Constitución, se ha impedido ver a nuestras familias (sobre todo
cuando se encuentran en distintos territorios), todo bajo el silencio
cómplice de los medios hegemónicos y los políticos del país. Pinochet tuvo 1204 horas de toque de queda/año. Hoy, en democracia,
llevamos una proporción de 800 horas toque queda/año por total de
mandato (si se termina con el DS 104, el 30 de junio de 2021), en caso
de que se prolongue hasta 18 enero 2022, en este indicador igualaremos a
Pinochet. La
vida en Chile se ha vuelto un delirio, escenario perfecto para la
destrucción de la convivencia y el ascenso de un orden nuevo, que no
respete ni la libertad ni mucho menos la vida de los demás. Es momento
de decir basta, y restaurar los modos de vida, no vaya a ser demasiado
tarde.