Para
entrar a lo más interior de nuestros propios mundos, alejándonos de la
vorágine de la habitualidad que está invadida con cuentas, problemas
personales, familiares o laborales, de los ruidos de una sociedad
intranquila, de la influencia de los medios que intentan alinear
conciencias para fines determinados, debemos alejarnos un poco, lo cual
se logra en un proceso de relajación, meditación y reflexión que, sin
duda, nos hará bien.
Serán
muchos los detractores que dirán que es superchería de la religión,
pero esta práctica es tan amplia que desde la antigua China se ha
establecido para el perfeccionamiento del ser humano. Lo primero es
equilibrar y limpiar nuestra esencia para tener la apertura mental de
compartir la colectiva, aquella que lleva a la convivencia, empatía y
tolerancia. Una sociedad que lleva varios miles de años en crecimiento
debiera servir para que novatos como países como los americanos (con
apenas dos siglos de vida) puedan aprender e implementar.
Pero
no es el cambio mental de nuestra sociedad lo que procura propugnar
esta columna, sino dar aquellas luces que nuestra actual comunidad
requiere y que hoy no lo encuentra en la tradicional ascendencia moral
que influyó en el mundo en estos dos milenios. Su silencio es complejo y
llama a la reflexión. Si Cristo hubiera estado vivo, a pesar de que lo
dilapidaran por sus dichos, su voz se habría escuchado como una guía y
aporte para mejorar el mundo. Sin duda alguna habría estado en las
calles reclamando por muchos de los conceptos que la ciudadanía exigió
durante el estallido social y, más que gritos, sus reflexiones habrían
sido atingentes y unificadoras.
Sea
en el Tíbet, en la India o en cualquier país oriental, la vida del
hombre está conectada con su ser interior. Es la oportunidad de ver las
cosas desde el fondo del alma y no a través de la oportunidad del
momento. Tomar conciencia de que como persona somos importantes, pero
también para la sociedad en que se participa es un proceso que no se
realiza de un momento a otro o de pasar de un estado a otro de manera
inmediata. Menos aun es una especie de reseteo automático como lo pueden
pensar algunos y que les hace temer que, de pronto, tendrán que dejar
posturas a las cuales están ligados por compromisos sociales o políticos
o por intereses personales que superan las necesidades de la comunidad
que dicen representar.
La
participación en retiros espirituales es esencial para aquel que quiere
crecer y servir de manera real, pues limpiará su corazón y le liberará
de la mugre que entorpece sus visiones, permitiéndole tomar las más
centradas y adecuadas decisiones para un acto general. La toma de
conciencia de las razones por las cuales estamos en este mundo viene del
impulso del propio conocimiento y del razonamiento interior que aparta
lo bueno de lo malo, lo superfluo de lo importante, lo personal de lo
general, lo que sirve exclusivamente al meditador o a la sociedad toda,
lo que puedo y estoy dispuesto a ceder, etc.
En
la vorágine de la Asamblea Constitucional nos estamos encontrando con
mucha gente que quiere que esto avance y que tenga un resultado
adecuado, pero también hay numerosos errores que nacen de personas que
no han tenido oportunidad de conocer las bondades de una buena y
profunda reflexión que les permitirá tomar las mejores decisiones
independiente de que provengan de un sector (o lista) u otro. La
capacidad de adoptar decisiones a partir de la práctica de mecanismos de
interiorización alejará a aquellos que pretenden utilizar sus
verborreas y ascendencias para sus propios fines y que pueden llevar a
la confusión de asambleístas no tan preparados como las materias exigen.
Así la Convención logrará la libertad de sus integrantes para
representar no solo a ellos mismos, sino a quienes les votaron y a los
otros millones de personas que perdieron sus votos en otros candidatos y
que han centrado en ellos sus esperanzas del resultado que se vendió en
las distintas campañas.
Los
ajustes que se están produciendo hoy en la AC, con situaciones como las
de la Lista del Pueblo, los desenmascaramientos que, como en el caso de
Rojas Vader, se están dando, muestran el dinamismo que tiene esta
instancia y que, tal como lo decíamos en columnas anteriores, harán
remecer conciencias y decantarán los ideologismos y egoísmos para lograr
un resultado positivo. Tenemos fe en Chile y en la AC.