Las
bolsas de todo el mundo reaccionan ante lo que parece ya inevitable: la
suspensión de pagos del promotor inmobiliario chino Evergrande, que
esta semana podría no hacer frente a sus obligaciones con los bonistas
internacionales. Muchos analistas, hasta hace poco indiferentes ante los
problemas de esa compañía, hacen cuentas para evaluar la situación.
Los
números del problema son los siguientes. Evergrande tiene una deuda de
unos US$ 313.000 millones. De ellos, US$ 19.000 millones son bonos en el
mercado offshore (para inversionistas extranjeros). Son cantidades
asumibles para sus 250 acreedores -entre ellos grandes fondos
occidentales-, pero si la crisis se extiende a todo el sector
inmobiilario chino, el pasivo llega a los US$ 4,7 billones. Y si el
contagio arrastra a todos los bonos en el mercado offshore chino (en
caso de pérdida de confianza de los inversores extranjeros), estamos
hablando de unas emisiones con un valor nominal de US$ 209.000 millones.
La
deuda de las empresas de China son, en relación con su economía, hasta
dos veces más grandes que las de las empresas estadounidenses. No creo
que las empresas estadounidenses sean particularmente tímidas a la hora
de utilizar la deuda, así que esto debe llamarnos a la reflexión. Es
natural preguntarse si la economía corporativa de China podría ser
bastante frágil. Después de todo, si las empresas estadounidenses
duplicaran su deuda desde donde está ahora, todos se llevarían un susto
de muerte. Como todos hemos aprendido en las últimas semanas, la
promotora inmobiliaria Evergrande es justamente el tipo de cosa que
podría preocupar en una economía empresarial altamente endeudada.
Considere los números. En agosto del año pasado, el Gobierno central
impuso “tres líneas rojas” en los balances de los promotores
inmobiliarios, exigiendo ratios pasivo/activo por debajo del 70%, ratios
deuda neta/capital por debajo del 100% y ratios efectivo/deuda a corto
plazo de al, menos, 1. Si los promotores fallan en estas tres pruebas,
se les prohíbe agregar deudas adicionales.
Parece
que Evergrande no pagará sus deudas esta semana. Puede que no sobreviva
mucho en su forma actual. ¿No debería haber implicaciones sistémicas
cuando una empresa altamente apalancada del tamaño de Evergrande
incumple? Podría pensar que sí, pero el consenso mayoritario es que, si
bien el sector inmobiliario de China podría verse afectado, su sistema
financiero estará bien. Las autoridades chinas han tomado medidas
drásticas contra la industria inmobiliaria precisamente porque no
quieren una economía basada en los beneficios en papel de las casas.
Pero, desde el punto de vista de la estabilidad social y económica, la
cosa no está bien. Nuevamente, el punto es que lidiar con las deudas de
Evergrande parece la parte fácil.
La
analogía con las crisis crediticias en las economías occidentales
(Estados Unidos 2008 con la crisis de las hipotecas subprime)
probablemente no sea muy útil cuando se piensa en Evergrande. El riesgo
de desastre financiero mundial parece pequeño. Pero no es difícil
anticipar que una situación como esta podría acabar con el crecimiento
en la parte más importante de la economía china, y de paso golpear a la
economía chilena.