Así planteadas las cosas más
parece represión por expresarse, participar, motivar e inclusive incentivar un paro estudiantil que
hacer efectiva la responsabilidad civil de los padres por los hechos culposos o
dolosos de sus retoños. La Ministro de
Educación, atinó en hacer la diferencia –una cosa es el paro y la toma del establecimiento
y otra muy distinta desarmarlo- o
agregamos –destruirlo, incendiarlo, robarse los computadores o usar el establecimiento durante meses como
el Bar y Motel más concurrido del centro de la ciudad. Por cierto, nada de ello ha ocurrido en la
austral Punta Arenas.
El alcalde Felipe Alessandri se
equivoca, el que rompe no paga, lo hacen
sus padres, que no es lo mismo, es responsabilidad por el hecho ajeno y aquella
que duele, no sólo económicamente, sino que en lo afectivo y más íntimo del grupo
familiar. Asumir el error de los hijos,
sus fechorías, es especialmente difícil,
para la madre no hay hijo malo ni feo, ya hemos escuchado las opiniones
de una variada gama de padres permisivos, como protegen a sus lolos que sólo se
expresan, aunque ello signifique amparar la quema, destrozos del mobiliario y
equipamiento que sirve a otros, sobre todo a quienes no lo tienen en casa.
Resulta especialmente injusto atribuir este comportamiento sólo a los
encapuchados, a seres marginales o extraños a los establecimientos
educacionales. Por el contrario, agrava
la falta el que estos hechos se produzcan en establecimientos otrora
emblemáticos para la educación pública y con el apoyo a veces explícito de
profesores y alumnos. En este caso, el
profesor igual responde o puede llegar a
hacerlo, pero con seguridad nada de esto ocurrirá, porque en el ámbito de la
educación pública ya se instaló la impunidad y esto es parte de la crisis.
La disciplina no opera, no
funciona, porque en la educación pública no existen discípulos sino que
clientes, no existen ya profesores sino
que guías, amigos, orientadores, muchas veces ignorantes de sus propias asignaturas, permisivos por obligación, dado
que ahora tienen clientes a quienes
satisfacer y no niños y jóvenes a los cuales formar. Por cierto tampoco se enseña
porque el derecho a la educación comprende el de ser aprobado y así lo
entienden los padres que siempre tienen espacio para culpar al profesor
aperrado que enseña y exige contenidos.
Entonces el problema es el método, la falta de pedagogía y se suma a la
protesta estudiantil la del padre que pide el cambio del profesor descriteriado
que puso un rojo. Así las cosas, el que
rompe no paga, lo hace el municipio, lo hace Moya, el mejor amigo de los
chilenos, fiel hijo del pueblo que
soporta además todo el peso de la carga tributaria y por añadidura deberá, al
final de la protesta pagar por el -V-
Medio-. O sea, por el PREU, para que el
hijo de tigre tenga igualdad de oportunidades.