¿Sabía usted qué?

Cuando era niño allá por los años 70, lo máximo de tecnología era la televisión que comenzaba a las 16 horas. La opción para distraerse, además de jugar, era leer.   Uno de mis favoritos era la colección española “Vida íntima de los animales”, que tenía una sección que decía “¿Sabíais…?”

Las evaluaciones son la forma de sincerar los conocimientos adquiridos. Evalúese Ud. con un breve cuestionario: ¿Sabíais? ¿Cuál es el plazo para iniciar actividades comerciales? ¿Qué son las declaraciones juradas? ¿Los plazos de vencimiento de las declaraciones de IVA y renta? ¿Cuál es el plazo para escriturar un contrato de trabajo? ¿Cómo se determina un feriado proporcional? ¿Qué las AFP y las Isapre son un fracaso para el nivel de solvencia de la mayoría de los chilenos?

La evaluación puede ser eterna y la de actualidad subjetiva, ya que depende del nivel de comprensión de los problemas de nuestro tiempo y de los errores de antaño.  De paso ¿sabe cuál es el plazo para responder una demanda? ¿Cuánto es el nivel de azúcar que debemos consumir diariamente? ¿A quién más llamar más cuando los “tuning” corren por la ciudad y no llega ni arabineros ni seguridad ciudadana? ¿Por qué el chofer ebrio siempre sale ileso de los choques y arranca?

Todas estas preguntas demuestran lo importante de vivir en una sociedad organizada, con trabajadores, técnicos y profesionales que saben de lo que hablan y orientan al ciudadano adecuadamente, y como el Dr. Strange de Los Vengadores, identifiquen las alternativas de soluciones posibles, para un mismo problema.

Las familias deben reforzar la importancia de la educación, ya que niños (as) bien preparados, podrán enfrentar mejor el mundo laboral, con autonomía.  Sabrán investigar, analizar, y cuestionar. Si bien es cierto que todos somos esclavos del sistema, por lo menos esos “esclavos” tendrán una mejor remuneración por aplicar lo que realmente saben.   Reconozcamos además la esencia de la educación de los oficios, cuando existe ausencia de recursos para el estudio, y los hijos aprenden el oficio de los padres, con una gran ventaja competitiva, ya que los progenitores al tener experiencia, les anticipan los posibles errores.

Como sociedad debemos aprender a respetar las opiniones de los profesionales, y no por ver un video en una plataforma virtual, creer que sabemos todo.  Ese es el problema de los jóvenes, que no valoran a quienes les entregan instrucción, pero si valoran a un “tiktoker”, y en educación superior les da “lata” ingresar a clases o terminar los estudios, porque ya se la saben todas, y como “influencer” de sus pares, se lo creen.  Y como Estado, ya debería normalizarse, por el real acceso a la educación superior, que todas las autoridades de Chile, tengan un título profesional, esto subiría el nivel de los debates, eliminando la demagogia. Encontraríamos soluciones reales a los problemas que afectan a los más desposeídos, que necesitan la luz del conocimiento, por sobre el ego de las individualidades.

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