Salir de Magallanes, abrirse al mundo y regresar

Soy nacido y criado en Magallanes, pero tuve la posibilidad de conocer distintas realidades desde pequeño. Una vez terminado el colegio ingresé a la universidad en el Norte del país. Gracias a mi constante esfuerzo limpiando vidrios de casas y departamentos, lavando autos, repartiendo fruta, distribuyendo comida de perros y vinos, organizando fiestas o dando clases particulares lograba financiar gran parte de mis gastos e incluso ahorrar para viajar. De esta manera, no solo pude recorrer Chile, sino que también aventurarme al extranjero.

Lo importante era ampliar el conocimiento, conocer otras culturas y acumular experiencias. Una vez finalizada la universidad, sentía la necesidad de expandir mi horizonte, descubrir maneras de vivir e ideas interesantes fuera de Magallanes y allende los Andes. Tenía el concepto que no tan solo Magallanes es una “isla” dentro del contexto nacional, sino que Chile también lo era de cara al mundo. Y si bien la condición de isla tiene sus virtudes, no son pocos los defectos. Afortunadamente, logré recorrer, estudiar y trabajar fuera del país desempeñándome en países más desarrollados que Chile, es decir, fuera de Latinoamérica.

Por ello creo firmemente que lo mejor que puede hacer un magallánico para mejorar su vida es vivir y trabajar en el extranjero al menos por un año, en un país desarrollado y preferentemente de habla no española.
Es bastante fácil notar la diferencia entre un magallánico que ha vivido fuera del país y otro que no, sin importar su origen. Por un lado, los magallánicos en el extranjero serán probablemente evaluados por sus aptitudes e inteligencia más que por su apellido o colegio al que asistieron (particularmente comparado con lo que sucedería, por ejemplo, en Santiago), lo cual mejorará sus oportunidades si responde con responsabilidad, honestidad y proactividad en el trabajo, como es esperable de cualquier trabajador.

Mi experiencia me indica que los chilenos y magallánicos inteligentes, educados y motivados se dan cuenta de que sus proyecciones son ilimitadas y sus sueños sobre la vida sí se ven impulsados por una actitud propositiva y emprendedora, no solo animados en el ejercicio de su libertad e interés personal, sino que también lo proyectan en beneficio de la comunidad. Sin duda, mejoran su autoestima expandiendo sus posibilidades de una vida plena. Las alternativas de lograr el éxito en sus proyectos aumentan desde el mismo momento en que bajan del avión. Tienen la posibilidad de comprobar de que si trabajan duro, las chances de mejorar su vida son reales. También es cierto, que tras permanecer en el extranjero, muchos chilenos y magallánicos no regresan al país y menos a la región por un buen tiempo. Y para muchos que lo hacen, regresan con una perspectiva diferente y enriquecedora.

¡Qué importante es dejar la burbuja! Dejar atrás las seguridades, el confort, lo acostumbrado, la protección familiar desde donde muchos jóvenes viven como marsupiales en el hogar de sus padres hasta los 30 años, dictando cátedra sobre lo que es la vida y cómo debe conducirse la sociedad, atrapados en la ignorancia y prejuicios por falta de conocimiento, experiencia… de mundo. 

Creo necesario ese paso al mundo para aprender a ser más independientes, aumentar sus expectativas por Chile y Magallanes, de forma que cuando regresan a casa tienen una nueva actitud sobre lo que es posible, lo que es correcto y cómo quieren vivir sus vidas.

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