Este
sábado 15 y domingo 16 de mayo, tendremos elecciones que marcaran por
mucho tiempo la vida de lo que hoy es Chile. Y que puede dejar de ser
Chile. No hemos tenido elecciones desde que el actual Presidente que
eligió no gobernar, fue elegido como mal menor por la mayoría absoluta
de votantes. El presunto “plebiscito” del 25 de octubre pasado no fue un
verdadero acto electoral, solo en la forma, y por varias razones que
vale la pena nunca olvidar: 1.- fue producto de una negociación oculta
entre fuerzas políticas que incluían a partidarios del terrorismo; 2.-
tanto gobierno como oposición política formal, estaban de acuerdo en su
planteo y en su resultado; 3.- se llevó a cabo en medio de la pandemia y
cuarentenas, sin verdadera campaña electoral; 4.-el sufragio estaba
inducido por la existencia del doble voto, algo inédito en la Historia
política del país y del mundo, un plebiscito siempre se había reducido a
una sola opción. El resultado entonces era sí o sí. Eso la Historia no
lo podrá borrar y ni siquiera maquillar, fue un acto ilegítimo y de una
violencia psicológica colectiva indubitable.
Este fin de semana, sumadas a las elecciones de gobernador regional,
cargo indefinido y carente de facultades y orientaciones, alcaldes y
concejales, se elegirán los convencionales a supuestamente, redactar una
nueva constitución política. Si ello no se produce y la nueva
constitución no fuere aprobada en el plebiscito “de salida”, seguirá
rigiendo la actual carta fundamental. Aparentemente claro, pero no es
así.
Chile hace rato dejo de ser un Estado de Derecho, solo somos un Estado
de ley. Una de sus características es que se legisla ignorante y
atropelladoramente porque claro, está lleno de “asesores legales” que no
saben de Derecho. Y en ese hacer mal las cosas, resulta que desde que
se eche a andar esa convención, el poder constituyente radicara a la vez
en dos órganos, la convención y el Congreso nacional, el que
aceleradamente está haciendo añicos la actual carta fundamental, es
decir, se aseguraran que el resultado de aquel futuro plebiscito sea el
mismo en la práctica, porque el problema nunca fue cambiar el contenido
de la constitución, si lo están haciendo, ya con descaro,
arbitrariamente, vulnerando derechos consagrados en dicha carta magna.
El fin siempre fue la revolución.
Se está llevando a cabo la ejecución de un proyecto, acaso único en el
mundo, con el patrocinio e injerencia de la ONU, que asesora
oficialmente al congreso, Ud. lo vio en la prensa. Se construye una
nueva forma de Estado acorde a un nuevo orden mundial, en un país
escogido cuidadosamente en que se dan varias condiciones para ello,
especialmente la incultura y cobardía de su supuesta “elite” cuya
expresión política “de derecha” ha demostrado estar dominada por el
miedo y la avaricia, y ha ido cediendo y entregando todo lo que la
insurrección globalista reclame. Esto apenas comienza, están matando a
Chile como nación y expresión histórica.
Pero como también ese proyecto reniega del Creador, este está
permitiendo haya aparecido en poco tiempo, lo que será una nueva elite
que ya se enfrenta a este proyecto anti chileno. Una expresión múltiple
de tres cauces: libertario, porque creemos en la libertad como derecho
esencial del ser humano; conservador no porque nos guste la porquería
que hoy campea en Chile sino como rescatadores de los verdaderos
valores, nacionales, cristianos, occidentales, con orgullo de nuestras
tradiciones, cultura, idioma, de una vida decente orientada a un
propósito. Y esencialmente patriótica, que tiene muy claro que este es
el territorio que Dios nos dio, es el único que tenemos, y lo queremos
soberano, grande y libre. Por eso, cualquiera sea el resultado electoral
de esta votación este proyecto nacional ha triunfado, porque no le
importó que mayorías circunstanciales, engañadas y asustadas refrenden
el proyecto globalista “progresista” sin progreso y hacia la nada, se
mantuvo de pie entre las ruinas, venció el miedo que domina a
circunstanciales aliados que aún creen que irán a esa convención a
negociar acuerdos. La insurrección no llego hasta aquí para permitirse
negociar lo que ya tienen decidido y escrito pero sobre todo, que día a
día están construyendo impúdicamente.