Desde
el inicio de la pandemia, nuestro país es donde más ha empeorado la
salud mental de la población a nivel latinoamericano. Y son dos los
sectores más afectados:
Primero que todo, debemos
analizar la situación de quienes trabajan en Educación. Previo a la
pandemia, este sector presentaba una tasa más alta de depresión y
trastornos ansiosos en comparación a la media nacional. Y, durante la
pandemia, han debido enfrentar mayores estresores, como altas exigencias
laborales con poco o nada de apoyo; debieron enfrentar una nueva forma
de enseñar, con un sistema online para el cual nadie estaba preparado,
recibiendo exigencias por parte de los directivos sin garantías en
cuanto a condiciones mínimas para que profesores y alumnos estén
conectados, etc.
Por
otra parte, el sector Salud también vio mayormente afectada su salud
mental. Esto se explica por varias razones. Por ejemplo, que más de la
mitad de los trabajadores y trabajadoras presentaron cambios en sus
funciones durante la pandemia, la percepción de riesgo de enfermar
durante su jornada laboral y el temor a contagiar a sus seres queridos,
la poca participación en la toma de decisiones, y también el contacto
directo con quienes se encontraban en una situación de vulnerabilidad,
etc.
¿Qué
tienen en común estos dos sectores? Son áreas en las que se trabaja
directamente con personas. Pero me gustaría destacar otro aspecto: Son
empleos feminizados. En educación pública, un 73% son mujeres, cifra
similar a la del sector salud, porque los espacios que se abren a las
mujeres en el mundo laboral tienden a ser en el rol que se nos ha
designado socialmente durante años: rol de cuidadoras.
Y
ese rol de cuidado es el que se tiende a romantizar, invisibilizando la
precariedad laboral. Se apela al compromiso para tolerar largas
jornadas laborales o con condiciones mínimas para poder realizar un buen
trabajo, algo que a un ingeniero o arquitecto, por ejemplo, no se les
exige. La vocación es un valor a cuidar, pero no es una excusa para perpetrar una precariedad laboral.
Se
requieren esfuerzos de planificación por parte de las autoridades para
prevenir la sobrecarga laboral y quien asuma el próximo gobierno debe
tener presente que cuidar a quienes nos cuidan debe estar dentro de las
políticas de Estado.