Para
nadie es un misterio que los problemas de salud mental en Chile son una
realidad al alza y ante la cual todavía no existe de parte del Estado y
la sociedad la debida atención. Diversos estudios y mediciones
internacionales suelen ubicarnos entre los países de la región con mayor
nivel de patologías mentales y con otros problemas que, sin ser una
enfermedad propiamente tal, también dicen relación con la parte mental.
También
existe consenso en que la pandemia ha empeorado la realidad de la salud
mental en nuestro país, agravando cuadros clínicos diagnosticados y
aumentando la incidencia de trastornos como la depresión o la ansiedad,
en donde también vuelven a aparecer algunas inequidades que implican
factores como la carga laboral, la falta de recursos económicos e,
incluso, las características de las viviendas en que las personas
residen.
Así
lo establece un estudio que conocimos esta semana en las comisiones
unidas de Salud y Futuro del Senado y que fue realizado en abril de este
año por la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) y el Centro de
Encuestas y Estudios Longitudinales de la Universidad Católica de Chile,
denominado “Termómetro de la Salud Mental en Chile ACHS-UC” y que
consultó a mil 437 personas de entre 21 y 68 años que viven en zonas
urbanas.
Algunos
de los resultados: Un 45.9% de las personas evalúan que su estado de
ánimo actual es peor o mucho peor en comparación con la situación
anterior a la pandemia del corona virus; 46,6% dice tener problemas de
pérdida de sueño; Un 50,1% declara sentirse constantemente agobiado; Un
33,6% señala sentirse poco feliz o deprimido.
Un
46,7% de las personas entrevistadas dijo haber mostrado signos de
suaves a severos de depresión. En los “síntomas” en que las personas
detectan la sensación de depresión un 22% declaró problemas para dormir o
dormir demasiado; un 22,3% dijo sentirse cansado y sin energía; y un
22,4% señaló tener poco apetito o comer demasiado, entre las razones más
esgrimidas.
En
cuanto a la distribución geográfica de la depresión los niveles más
altos se dieron en el norte del país con un 51,2%, seguido del sur con
un 45,5% y el sector centro de Chile con un 44,7%. En el apartado
depresión un 57,9% dijo tener un consumo excesivo de alcohol; y un 67,8%
señaló tener un diagnóstico psiquiátrico.
Pese
a que hasta ahora no se conocen estudios del impacto que el Coronavirus
ha tenido en los niños, niñas y adolescentes, basta ser mamá o hablar
con amigos con hijos para darse cuenta de que en ese segmento de la
población también ha habido consecuencias en la salud mental. La
imposibilidad de estar físicamente con sus compañeros de curso que
también son parte importante de sus grupos de amigos y la obligación de
las clases vía zoom con, en algunos casos, una excesiva carga de tareas y
horas de pantalla, parecen ser los factores desencadenantes de algunos
cuadros de variable gravedad.
Es
por esta razón que ya le planteé al ministro de Salud una propuesta que
formalizaré estos días respecto de este tema. Mi idea es que elaboremos
una evaluación a todas y todos los estudiantes de enseñanza básica y
media, desarrollada por la Junaeb (una alternativa es potenciar el
programa “habilidades para la vida”), donde podamos detectar a tiempo
casos potenciales de depresión o incluso de suicidio. Junto con ello
acelerar la inclusión en el GES de depresión a adolescentes de entre 10 y
15 años que hoy no tienen cobertura. Todo esto debe ser en conjunto con
la comunidad escolar, la atención primaria de salud y, por supuesto,
con las mamás y papás. La salud mental no puede seguir siendo vista como un tema menor y debemos tomar cartas en el asunto ahora.