Salud mental: sistema nacional y presupuesto

Esta
fue la semana de la salud mental. Todo espacio de visibilización de la
pandemia silenciosa que viven quienes padecen este tipo de enfermedades
se debe celebrar. Chile tiene tasas altísimas de enfermedades mentales
(la OMS nos ubica entre los países con mayor carga de morbilidad por
enfermedades psiquiátricas). Las enfermedades mentales en Chile son muy
frecuentes y, además, están estrechamente relacionadas con años perdidos
por discapacidad, e incluso con la muerte prematura. Los números son
alarmantes y muestran, por ejemplo, que en nuestro país 1 de cada 5
personas padece de una enfermedad de salud mental, pero menos del 40% de
ellos tiene acceso a un tratamiento adecuado.

Hay
dos aspectos relevantes en el tema de la salud mental que son
importantes de mencionar. Primero, en nuestro sistema de salud coexisten
dos subsistemas: uno para quienes pueden pagar y otro estatal para
quienes no. Además, en nuestro sistema las instituciones privadas pueden
lucrar y por tanto las prestaciones sanitarias se distribuyen en
función de quién tiene el poder económico para adquirirlas. En el
programa presidencial de Apruebo Dignidad se propone un modelo distinto,
que concibe la salud como un derecho social. Queremos avanzar hacia un
sistema único de salud en el que las prestaciones de salud, incluidas
las de salud mental, se distribuyan en base a razones sanitarias, no en
base a quién tiene el poder económico para adquirirlas.

En
segundo lugar, la distribución inequitativa del presupuesto. El gasto
público en salud mental ronda solo el 2% del presupuesto total en salud.
Aún cuando la gran mayoría de personas con problemas de salud mental se
atiende en la salud pública, y específicamente en la Atención Primaria
de Salud, esto no se refleja en un presupuesto adecuado que permita
contar con el personal y profesionales en esta área. Esta inequidad
incluso se replica en el caso de la salud privada, en el que la mayoría
de las prestaciones de salud mental tienen menor cobertura.

Esta
estructura del sistema de salud, junto a la distribución inequitativa
del presupuesto, produce una doble discriminación para quienes padecen
de enfermedades relacionadas con la salud mental. Existe un profundo
problema de equidad del que debemos hacernos cargo. Es por ello que los
esfuerzos estatales deben concentrarse los próximos años en construir un
sistema de salud único más equitativo, alcanzar un presupuesto más
equilibrado y, además, legislar una Ley marco de la salud mental que
siente las bases de un verdadero derecho social a la salud mental.

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