Santa Yasna

Pasadas
las elecciones ha surgido un clamor desde las bases del Partido
Demócrata Cristiano, una tardía plegaria de salvación para que Yasna
Provoste, Presidenta del Senado, asuma el desafío presidencial, ante el
hecho ya evidente que ni Ximena Rincón, Paula Narváez, Heraldo Muñoz, o
quizá todos juntos estén situación de ganar una elección, representando a
una oposición desgastada, fragmentada y perdidosa. Es que las oraciones
tardías no conducen a la salvación cuando el pecado de origen ya está
consumado. O sea, la división, el aferrarse al poder, la incapacidad de
adecuarse a los nuevos tiempos recurriendo a vericuetos que conducen a
la exclusión no dieron resultados y ya sólo cabe asumir las
consecuencias.

El
resultado es incierto, como impredecible es el futuro, a estas alturas
estando todos en estado de reflexión, pocos se atreven a exponerse a un
constituyente que representa muy bien el mosaico de la sociedad chilena,
sus diversas expectativas y como un futuro gobierno podrá administrar
el país que recibirá. Las muñecas políticas no sobran, una cosa es el
acuerdo pequeño, el ponerse de acuerdo en la cocina y otra muy distinta
es exponerse al escrutinio de una ciudadanía empoderada que enfrentará
un plebiscito de salida.

La
Democracia Cristiana dejó de ser el partido capaz de representar al
centro político y articular la política de partidos, se quedó sin
referentes, sin propuestas y sin ideas. No fue capaz de asumir el
renunciamiento y asumir el desafío de una nueva, audaz y renovada
política de alianzas. En este estado de cosas muy probablemente sufrirá
las secuelas propias de una crisis de esta magnitud, la división,
consecuencia de la fragmentación de la sociedad chilena y de una
juventud y del mundo independiente que ya no acepta ni tutelas ni
ordenes de partido. No es que los demás estén mucho mejor, pero
resulta indudable que sin la democracia cristiana no existe ni
concertación, ni nueva mayoría, ni oposición que resulte viable y de
garantías de gobernabilidad.


Afortunadamente, la opción populista que representa Pamela Jiles, igual
tuvo lo suyo, la opción de los abuelos se diluyó tan rápido como el 10%
en manos de quienes con urgencia necesitaban de esos recursos, no para
saciar el hambre sino para cubrir las necesidades que la misma
relaciones de consumo les imponen.

El
escenario sin un claro refugio en el tercio que permitiera no solo al
oficialismo sino que a los sectores más conservadores de la sociedad
obstruir o condicionar las reformas que el país demanda, es complejo,
porque confronta los consensos difícilmente construidos durante al menos
tres décadas. O sea, el duro momento de la democracia cristiana no
cuestiona solo su política de alianzas sino que a toda una concepción de
la sociedad que había construido la Concertación de Partidos por la
Democracia, en los momentos más duros de la historia de Chile. Es
natural que en otro contexto las nuevas generaciones se aparten de
dichos referentes, superen los temores, y que pasado el riesgo de una
dictadura y los rigores de ésta, surjan otras expectativas que quieren
construirse sobre los hombros de los logros alcanzados.

Los
resultados agravan la falta, las oraciones tardías a Santa Yasna,
difícilmente serán escuchadas en el contexto adverso de unas primarias
en que el centro político no parece estar en situación de imponer
condiciones, sino que más bien deberá sumarse a las fuerzas del cambio,
contribuyendo a darle gobernabilidad. O en su caso, deberá optar por la
resignación y asumir una derrota electoral de proporciones sea ante la
derecha o ante las fuerzas del cambio, pero derrota al fin.

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