Santiago en Llamas (II)

La crisis social que explotó en Santiago y se replicó en regiones, ha sido relacionada, con otras de diferentes grados de intensidad (La huelga de la Carne – 1905-, La Revolución de la Chaucha – 1949- , La Batalla de Santiago – 1957 – , El alza del gas en la Región de Magallanes –  2011); “se les termino la fiesta”. La verdad es que los ministros no están para el humor, la seudo y escuálida ironía o la metáfora mal empleada. En esta ocasión también tuvimos dos desafortunadas célebres frases expresadas por Secretarios de Estado, “que los románticos vayan a comprar flores”; “Que las personas se levanten más temprano para aprovechar las rebaja en la tarifa del metro”, al parecer estos dichos fueron como rociar gasolina a un descontento social que se venía incubando desde hace rato.

El rol real de los Ministros y otras autoridades del Ejecutivo es asesorar al Presidente, conectarse con la que pasa en la sociedad en el área respectiva, anticiparse a los problemas y no comentar las medidas en forma autocomplaciente, ni menos hacer chistes al respecto.

Esperando que el recambio de los renunciados ministros enfoquen sus esfuerzos en esa línea, lo que sin duda ayudará en algo, considerando que esta crisis no se arregla solo con un simple y tardío cambio de gabinete. El alza de la tarifa del metro en Santiago solo fue la gota que rebasó el vaso y las demandas por mayor protección social y disminución de la desigualdad se fueron multiplicando, en una incubadora social revestida de abusos y desigualdades.

La mayor concentración de personas desde el plebiscito del año 1988, que se desarrolló en Santiago y en otros puntos del país dan cuenta de un clamor ciudadano que de ningún modo se puede tapar fijando solo la vista en los desmanes, que tal como expresé en la columna de la semana pasada son  hechos condenables.

La mayor parte de la ciudadanía se ha manifestado de forma pacífica, legitimando un movimiento social que ha ocupado el espacio político, desplazando a la clase política, que ha quedado atónita y desencajada. Nuestra exacerbación del sistema presidencialista y la desconexión casi total de los parlamentarios ha contribuido a este cansancio ciudadano. Los parlamentarios algunos, preocupados de la exaltación del ego y dependiendo de la cercanía con el gobierno de turno,  de la acomodación de sus respectivas camarillas de funcionarios que conforman sus huestes de los eternamente agradecidos. – Gracias por el favor concedido -. Pero no solo esto, también todas las  Instituciones tienen algo qué decir: según  la encuesta de transparencia, el 70% de los chilenos consideran que sus instituciones públicas son corruptas. Lo cual habla de una crisis de confianza que debe interpretarse profundamente, buscando los caminos que permitan enmendar esta percepción.

Las personas quieren que las escuchen, que las autoridades políticas y otras sean capaces de leer sinceramente las manifestaciones  sociales, más aún cuando los atisbos de sucesos anteriores señalaban un cierto descontento que  no fueron leídos en su verdadera dimensión, ignorando las demandas que comenzaban a multiplicarse. La llamada evasión del torniquete del metro que se fue fermentando ha sido comparada con la elusión tributaria, pero con diferentes consecuencias legales para uno y otros evasores; la Ley de Seguridad del Estado para “los del torniquete” y Clases de Ética en la Universidad Adolfo Ibáñez para los otros. De alguna manera se ha ido perdiendo el “contrato social básico de respeto a las obligaciones de la sociedad” producto de la injusticia imperante en determinados casos, donde el más poderoso sale limpio de polvo y paja. Todos iguales ante la ley pero al parecer hay algunos más iguales que otros.

También debemos hacernos cargo de violencia estatal, no se puede en aras del orden utilizar la fuerza en forma desproporcionada y desmedida, a luz de casos denunciados. Sobrecogedor fue escuchar el domingo a la Orquesta Clásica y Coro de la USACh,  interpretar el Réquien de Mozart, en homenaje a las víctimas de la violencia estatal. La violencia solo engendra más violencia y la desigualdad exacerbada también hace su aporte. ¡Es hora de comenzar a construir nuestro verdadero contrato social!

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