Una
sesión histórica se vivió ayer en la Cámara de Diputados. Una
satisfactoria respuesta dieron algunos miembros de la clase política al
aprobar el límite a la reelección. Es la primera y potente señal que se
da en respuesta a las principales demandas del estallido social del 18
de octubre pasado. Ayer, con los 133 votos en favor de decirle ¡no a la
eternización en el poder! se da un importante paso para lograr acuerdos
vitales, que mejoren la convivencia en nuestro país. Con el límite a la
reelección se termina con los caudillismos políticos. Se le dice ¡no
más! a aquellos que por décadas han querido permanecer en el confort
placentero de vivir a costa de un cargo político. Ayer, con esa
histórica votación, se descomprime un ambiente tenso, derivado por la
queja del ciudadano de a pie acerca del aprovechamiento político de
muchos personeros que han vivido del parlamentarismo. En la Cámara de
Diputados hubo varios que incluso votaron a favor del límite, pese a que
se verían afectados. Porque votaron en conciencia, no como aquellos
senadores que hace una semana se rieron de la gente aprobando el límite,
pero absteniéndose de la retroactividad. La gente quería renovación en
la política y anhelaba que no se siguieran burlando. Los que ayer le
dijeron ¡sí al límite a la reelección! son quienes aprendieron a
escuchar a la gente, los otros hicieron oídos sordos, porque a ellos el
ciudadano no les importa, porque son mezquinos y velan por sus propios
intereses. Pero ya no podrán perpetuarse en el poder. Porque había
algunos que querían llegar a estar 32 años en un mismo cargo y vivir de
todos aquellos que hoy no la pasan muy bien. Hay muchos “honorables” en
ejercicio que se resisten a dejar el hemiciclo, junto a sus familiares
obviamente, porque han hecho de eso su forma de vivir.