El
4 de septiembre está marcado como una fecha histórica en el calendario
de la democracia en nuestro país. Ese día, pero de 1970, asumía la
Presidencia de la República el democrático doctor socialista Salvado
Allende Gossens.
52
años después, nuevamente el 4 de septiembre será un antes y un después.
Se viene el plebiscito de salida, donde, entre todos, decidiremos si
queremos una nueva Constitución o seguiremos con las reglas ya
establecidas desde el 80 (con algunos maquillajes).
Hay
esperanza, se ve la posibilidad de crear un Chile mejor, más justo y
donde quepan todas y todos en esta gran casa. Sin pasar por dificultades
para la instalación y comenzar el trabajo, nuestro país comienza a
vivir uno de los procesos más importantes de su historia republicana y
democrática.
En
este proceso transformador nadie debe quedar fuera. Tenemos comunes que
nos unen para forjar el futuro que tendremos como sociedad, la nueva
forma de relacionarnos entre todos, donde, principalmente, se ponga la
dignidad de las personas siempre por delante.
Desde
mi punto de vista, debemos privilegiar una Constitución que respete el
medio ambiente, que busque incentivar el cuidado de nuestro planeta
buscando un Chile cero residuos. Debemos garantizar el derecho al
trabajo y el emprendimiento; buscar el mecanismo para que la casa propia
sea una realidad para todas y todos; en fin, hacer que los derechos
sociales y humanos de todas las gentes que viven en este país,
independiente de su credo, pensamiento o color, sean garantizados.
Esta
es la gran oportunidad que estábamos todos esperando. Buscar el
reencuentro de un país que viene con grandes dolores por las
injusticias, imposibilidades de la clase trabajadora y grandes
privilegios del 1%, que, con opulencia, imponen su fuerza a través del
dinero.
Bienvenido
el Chile feminista sin miedos ni complejos. Bienvenidos al Chile del
mérito, pero de ese mérito real, no por los colegios en los que se
estudió o por el acomodo entre el grupo de amigos. Bienvenidos a ese
Chile donde de verdad se premie el esfuerzo.
En
la Constituyente está centrada nuestra esperanza. En cada uno de los
representantes, de todos los sectores, está el destino del Chile de los
próximos 40 años o más. Desconocer todas las dificultades por las que
atravesó la Convención durante su desarrollo sería esconder la cabeza
como el avestruz; pero no reconocer que se dan pasos para el nuevo Chile
es caer en el negacionismo.
La
derecha y sus partidos hoy ofrecen buscar nuevos mecanismos para
cambiar la Constitución. No les crean, fueron ellos, los mismos que se
opusieron una y otra vez a las grandes transformaciones; y lo hacían
siempre amparándose en la Constitución cosechada en dictadura y entre
cuatro paredes.
Nuevamente llegó el momento de nosotros, los
ciudadanos, los que decidiremos el destino de Chile y su futuro en las
urnas. Vamos todos y todas, que se abren las grandes alamedas.