Ya pasado el 4 de septiembre, la propuesta de nueva constitución ha sido rechazada rotundamente. Ahora comenzamos un proceso nuevo, en donde el Presidente
Gabriel Boric ha convocado a la Moneda a los presidentes de ambas
cámaras, Diputados y Senado, para que elaboren una ruta hacia una nueva
convección, cuestionándose si fundar, refundar o restructurar la
constitución. O al menos, esa parece ser la dirección que se está
tomando.
Bueno,
eso es parte del problema, aquí no hay que fundar y ni refundar. Aquí
hay que construir una nueva constitución política, porque ninguna
constitución parte de cero. La constitución tiene como finalidad
primordial establecer la ley fundamental de un Estado, que defina las
instituciones, el régimen de derechos y libertades de los ciudadanos,
más aún ordenar y delimitar los poderes e instituciones de una
organización política. Por otra parte, una Constitución tiene que tener
mecanismos de reforma y de control constitucional, con la finalidad de
que no haya normas que sean contradictorias con la misma ordenanza y con
otros tipos de principios sociales integrativos que se quieran
intervenir.
Si
hablamos de refundar nuestra Constitución, Chile tiene más de 200 años
como República y en ese periodo de tiempo se han elaborado 10 textos
constitucionales. Parece extraño que aun haya personas que señalen
representar al pueblo y que busquen retroceder en todos los derechos
ganados a través de siglos de lucha sociales, vicisitudes positivas, las
que no debemos destruir puesto que nos quedaríamos en blanco. Quitarlos
es desgarrar la semilla sembrada en las centurias, todos los trabajos
políticos, jurídicos, intelectuales, culturales, que se han hecho en
este largo periodo de tiempo, porque Chile tiene su historia.
Si
iniciamos desde cero nos olvidaríamos de las reformas sociales, de cómo
pasamos de un sistema oligárquico a un sistema democrático, del derecho
a voto de la mujer. Nos olvidaríamos de Eloísa Díaz, la primera mujer
médico y de otras tantas pioneras y pioneros que abrieron caminos; de
las reformas del poder judicial; de las modificaciones acordadas entre
Cruz Coke y Salvador Allende para mejorar la salud pública en la década
de los cincuenta; de las restauraciones de los radicales en educación.
Perderemos memoria de la construcción de casas, de las participaciones
populares de los años sesenta, de los litros de leche diario, de
educación primaria obligatoria y gratuita, de las reparticiones de
textos escolares donde Chile fue uno de los países pioneros en
Latinoamérica en la década de los años 30 o 40. Nos olvidaríamos de
todos esos temas.
Entonces,
esta lógica continua de refundar y de refundar, de hoja en blanco a
hoja en blanco, de empezar desde cero, más bien tiene un tinte electoral
romántico. No obstante, ningún país parte desde cero. Por algo
O’Higgins, Carrera, Freire, Prat, Baquedano etc, con sus luces y sus
sombras, con sus abusos y sus aportes, con lo bueno y con lo malo, han
construido a este estado nación que tenemos. Sin olvidar a Lautaro,
Caupolicán, Galvarino, aunque no se sean parte de la formación de la
república, ellos también han aportado para que el estado de Chile genere
una simbiosis de integración en nuestra corta historia.
Más
aún, estos son aportes que los buenos, los malos y los más o menos
gobernantes han hecho en servicio al país, equivocándose, cometiendo
atrocidades y también aciertos. Es decir, la democracia, las
constituciones, los estados, tienen sus luces y sus sombras, uno puede
corregir los errores, cambiar la estructura, pero no puede negar la
historia y no puede querer desmantelar un país que ya tiene 200 años de
historia y sigue para adelante contando. No se puede borrar, pero sí
podemos aprender de ella.
En
conclusión, es de esperar que las fuerzas políticas se pongan en modo
dialogo, que las diferencias sean menores, para que finalmente y de una
vez por todas tengamos nuestra nueva constitución de acuerdo a nuestras
necesidades, que nos represente a todos por igual y sigamos construyendo
un Estado.