El
fin de semana recién pasado se despejó la incógnita: Gabriel Boric y
Sebastián Sichel se impusieron con holgura en sus respectivos pactos y
competirán por el sillón presidencial. Pero esta carrera recién
comienza, ya que habrá que esperar si irrumpe algún otro personaje de
los que no fueron a primarias (se habla de una veintena de nombres).
En esta oportunidad me centraré, sucintamente, en las propuestas para el futuro de la educación chilena que están plasmadas en los programas cada aspirante a La Moneda.
Por
una parte el candidato independiente de la derecha propone un
Fortalecimiento de la Educación Púbica de Calidad; con los profesores y
las profesoras en el centro para mejorar la educación; se impulsará una
carrera profesional para los directivos escolares; se evaluará acelerar
el proceso de implementación de la carrera docente; énfasis en la
convivencia escolar y en las habilidades para el siglo XXI, para lo cual
se desarrollará un Plan Nacional de Habilidades Socioemocionales
Postpandemia; se ampliarán en 100 más los liceos bicentenario; el
Mineduc impulsará un plan de mejoras educativas graduales, desde el
nacimiento hasta la adultez; acceso universal a la educación parvularia
gratuita; educación creativa, fortaleciendo la asignatura de educación
artística; desarrollo deportivo escolar y en la educación superior, a
través de la creación de programas para todas las edades; y educación
técnica profesional conectada con las áreas de desarrollo productivo
nacional.
En
el ideario del candidato de la izquierda se implementará un Plan de
Reparación Integral del Derecho a la Educación para enfrentar las
consecuencia de la pandemia, mediante el cual: cada comunidad educativa
priorizará acciones curriculares, contará con un Programa de Salud
Mental y Bienestar Socioemocional y se les prestará asesoría respecto de
su decisión de volver a la presencialidad; existirá cobertura de
internet en todos los niveles de la educación; evaluaciones
estandarizadas sin consecuencias administrativas, Sistema de Renovación y
Actualización Sistemática del Currículum, como política de Estado;
construcción participativa de un Sistema de Acompañamiento Docente;
financiamiento basal a la oferta pública de educación escolar,
eliminando la subvención por asistencia; Sistema de Educación Pública
Descentralizado, democrático, que garantice proyectos educativos con
sentido y pertinencia cultural y territorial; Fortalecer el rol,
formación y carrera de las trabajadoras y de los trabajadores de la
educación; y fortalecer la educación artística integral y la actividad
deportiva.
En
términos generales, podemos encontrar dos grandes coincidencias, con
algunos matices. A saber: fortalecimiento de la educación pública y
actualización o mejoras al Currículum. Estas ideas son fundamentales si
queremos avanzar hacia una educación de calidad. Mejorar la educación
pública es lo que se ha pedido por mucho tiempo, lo que permitiría
“nivelar hacia arriba” y no al revés. Por otra parte, el Currículum
prepandemia es extenso y algunos contenidos son irrelevantes. Se ha
planteado que cuando termine la pandemia debiéramos volver a la
estructura anterior, pero, ¿por qué no nos planteamos modernizar la
educación, implementando un currículum similar
al priorizado, enseñando materias más atractivas, que permitan el
desarrollo de competencias digitales? De esta forma, los estudiantes
obtendrían primero los objetivos de aprendizaje denominados
imprescindibles, para luego avanzar con aquellos integradores y
significativos. Como dicen “el que mucho abarca poco aprieta” (esto
aplica también para la educación superior). Felicitaciones a los
candidatos, al menos tienen una visión más clara del futuro, que muchos
que han sido gobierno por largos años.