Se
acerca una nueva versión de la Conferencia de la ONU sobre el cambio
climático, COP 27, que se llevará a cabo entre el 6 y 18 de noviembre en
Egipto. Este nuevo encuentro llega en un momento crítico, con sequías,
inundaciones e incendios cada vez más frecuentes y más devastadores, y
que están aniquilando la biodiversidad de nuestro planeta.
Según
la edición 2022 del Informe Planeta Vivo recién publicado por WWF, el
impacto negativo de nuestras acciones en la naturaleza ha ocasionado la
disminución del 69% promedio en la abundancia poblacional de mamíferos,
reptiles, aves, peces y anfibios de todo el mundo. A nivel más local,
las noticias son aún peores, ya que Latinoamérica, junto con el Caribe,
son unas de las regiones más afectadas, con una reducción del 94% de
vertebrados en las poblaciones monitoreadas.
La
disminución de la biodiversidad está estrechamente relacionada con la
pérdida de su hábitat. Y la realidad de Chile no es para nada
alentadora, ya que los bosques están muriendo a pasos agigantados. Un
estudio dado a conocer esta semana por la Universidad de La Frontera nos
revela la dramática situación que enfrentan estos ecosistemas. La
investigación, que hizo seguimiento a la pérdida de masa forestal entre
los años 2000 y 2016 en la zona Centro Sur de Chile, determinó que la
reducción del bosque natural alcanzó a 206.142 hectáreas, es decir casi
cuatro veces la superficie del Gran Santiago. La pérdida promedio fue de
12.884 hectáreas por año y la zona más afectada es la Patagonia, entre
las regiones de Los Lagos y Aysén.
Si
los humanos hemos sido capaces de producir un daño tan profundo sobre
las especies y sus hábitats, tenemos el deber de revertir este impacto.
En este contexto, el rewilding o restauración ecológica se plantea hoy
como un enfoque clave: investigaciones recientes demuestran que traer de
vuelta a la naturaleza no solo recupera la salud de las especies, aguas
y suelos, sino que también es una efectiva manera de capturar carbono,
mitigando los efectos del cambio climático.
Esperamos
que la realización de la próxima COP entregue respuestas concretas para
el dramático escenario que estamos viviendo y se potencie el enfoque
del rewilding como una solución basada en la naturaleza capaz de
ayudarnos a devolver el equilibrio que la tierra necesita para
asegurarnos un futuro a todas las comunidades de vida.