Cuando
en Hogar de Cristo acabábamos de presentar el estudio “Ser Niña en una
Residencia de Protección en Chile”, se divulgó un video donde se
escuchan los desgarradores gritos de un niño en uno de estos espacios
orientados al cuidado y la reparación.
El
impacto de ese clamor tiene la repercusión que sólo logran la imagen y
la viralización en redes sociales. Un centenar de personas se agolpó
frente al lugar, gritando: “¡No más Sename!”. Pero un problema tan
profundo no se resuelve con esas comprensibles reacciones, que duran
hasta el próximo video escandaloso, doloroso, fuerte, mientras los niños
y niñas de las residencias siguen en las mismas: con su derecho a vivir
en familia vulnerado. Este es un tema país, en el que deben
comprometerse todos los ministerios y servicios del Estado: salud,
educación, justicia, policías, desarrollo social y vivienda, e
implicarse también la academia, la sociedad civil, la prensa, los
parlamentarios y la sociedad completa.
Hoy
es prioritaria la puesta en marcha del nuevo Servicio de Protección
Especializada a la Niñez y Adolescencia, lo que debe incluir el
fortalecimiento de las familias de acogida y contar con residencias
terapéuticas especializadas de calidad y con enfoque de género; es clave
distinguir el distinto nivel de daño y trauma en niños y niñas, el que
es mucho mayor entre ellas. A esto, agregaría:
-Un Sistema de Garantías para la Protección Integral y Universal de la Infancia acorde a la Convención sobre los Derechos del Niño;
-Que el foco de todo el sistema esté en la prevención, con énfasis en la gestión territorial y con pisos de protección social garantizados,
-Rediseño de los servicios ambulatorios y residenciales, con especial énfasis en salud mental y educación, e
-Una
academia involucrada en la generación de evidencia local para abordar
los desafíos de brindar una atención especializada y de calidad.
Hacemos un llamado al Congreso Nacional para que apruebe la ley que crea el Sistema de Garantías de los Derechos de la Niñez. La dignidad de niños y niñas está en permanente riesgo y ha llegado la hora de enfrentar esa realidad juntos.