Se nos apareció marzo

El Festival de Viña del Mar trae consigo, además de la fiesta musical, el ocaso de la temporada estival. Atrás empiezan a quedar imágenes paradisíacas, sol, arena y altas temperaturas para darle la bienvenida a un marzo que, a diferencia de otros años, esta vez pareciera que sí se nos va a aparecer a todos. Porque no sólo la agenda estará marcada por los temas tradicionales, a saber: el pago de la patente, permisos de circulación e ingreso de estudiantes a sus respectivas instancias educativas, sumado al retorno a las tareas laborales. Marzo será un mes clave de cara al plebiscito de entrada del próximo 26 de abril donde las chilenas y chilenos deberán decidir si aprueban o rechazan una Nueva Constitución para el país, además del mecanismo: convención mixta o convención constituyente. Todo, era que no, en un contexto de alta movilización social recordándonos que el 18 de octubre de 2019 no ha terminado. Este marzo será especial además porque se cumplen tres años desde aquel 11 de marzo de 2017 donde el presidente Sebastián Piñera inició su segundo mandato. Uno que, seamos honestos, no estaba en los cálculos ni vaticinios de nadie lo que ha ocurrido en Chile hasta la fecha. Sin dudas, la región de Magallanes ha sido una de las que no ha bajado los brazos en materia de manifestación ciudadana aún cuando no alcanza la cobertura e impacto que si tienen otras urbes de mayor envergadura y relevancia nacional. En este contexto lo que se espera del Presidente es que logre, de una una vez, recuperar el timón e imponer su liderazgo para restablecer el orden social y el Estado de Derecho. Sin embargo lo que hemos constatado más bien pareciera una especie de desdén a lo que está sucediendo. Y es que si el nivel central está aún dormido pareciera que las autoridades regionales quedaron a la deriva, sin capacidad alguna de ejecutar o accionar a la espera que, desde la Capital, lleguen las instrucciones para que en regiones hagan su trabajo. Un dato no menor toda vez que fueron elegidos (no necesariamente por sus méritos, convengamos) para ser los representantes del gobierno en la región. Y si tienen que esperar que alguien, desde Santiago, les diga lo que tienen que hacer para garantizar la seguridad, entonces sería mejor que tomaran sus cosas y, por un mínimo de dignidad, dieran un paso al costado. Cierto, es probable que ante la incompetencia exhibida no les sea sencillo encontrar trabajo en mundo privado pero, por ejemplo en Magallanes, sabemos que hay personas generosas que les tenderán una mano, aún cuando su incapacidad y negligencia haya quedado en evidencia. En fin. Lo único claro es que marzo será un mes convulsionado que estará acompañado de un abril repleto de incertezas. El comienzo de este 2020 sin dudas se augura vertiginoso y con una polarización al alza, donde los extremos marcarán la pauta tanto política como social. Por el momento sólo queda esperar. Para los creyentes también tenemos la opción de rezar. Sin embargo, y por más que pidamos una pronta solución y lo mejor para nuestro país, lo cierto es que mientras impere esta suerte de diálogo de sordos entre todos los sectores de la sociedad civil es muy poco probable que volvamos a hacer grande a Chile en el inmediato. Si nuestras autoridades siguen sólo siendo meros espectadores de lo que acontece en la calle, si tenemos carabineros con miedo y atados de manos en su accionar, si tenemos una calle convulsionada, es seguro que el recrudecimiento de la violencia siga en aumento con un desenlace que, probablemente, lamentaremos en el contexto de nuestra historia.

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