Lamentablemente en este país tenemos un Gobierno
que de manera sistemática está favoreciendo el actuar de la
delincuencia, minimizando o bajando el perfil de los hechos criminales,
incluso aquellos que causan grave conmoción pública, en perjuicio de las
instituciones encargadas de resguardar el orden público y de proteger a la ciudadanía en general; y, ciertamente, en perjuicio de todos los ciudadanos. No cabe duda que la gran preocupación de la gente el día de hoy
es el gran aumento de la delincuencia, la creación de nuevas formas de
accionar criminal y la violencia que los criminales emplean en la
perpetración de los delitos; sin embargo, esa no es la gran preocupación
del Gobierno,
porque sus preocupaciones no pasan por dar una solución concreta al
gran problema que significa la delincuencia, sus preocupaciones no
tienen que ver con la instauración de políticas criminales claras que
lleven a disminuir la tasa de delitos y a proteger a las personas, ya
que eso sin duda significaría dar más poder a las Instituciones como
Carabineros y la Policía de Investigaciones de Chile, y el Gobierno
no quiere eso, es tal su carga ideológica, que prefiere que el país
siga sufriendo los embates de la delincuencia, prefiere que la gente se
siga viendo afectada por monras, portonazos, encerronas y abordazos
antes que empoderar a las policías, antes de dotar de mayor fuerza a
las policías, de modo que parece que por mucho que el Presidente señale
que van a ser como perros con la delincuencia, da lo mismo, porque lo
importante es que tipo de perros van a
ser perros falderos o perros de presa; y, teniendo en cuenta las
acciones más que las palabras, todo indica que van a seguir siendo
simplemente poodles y no rottweilers. Para muestra un botón, uno de los hechos más graves del último tiempo lo constituye el grave ataque homicida sufrido por el sargento de Carabineros Carlos Retamal la semana pasada al controlar unas carreras clandestinas en el sector Malvilla, cerca de San Antonio, pero ante esta situación que conmocionó a todo el país, la ministra Vallejo,
trató de minimizar la situación, de bajarle el perfil, de favorecer al
homicida señalando que no le cabe duda que jamás estuvo en las
intenciones del delincuente que terminara una persona fallecida; ¿qué cree, que a
alguien le pegan un fierrazo para hacerle cariño? Por favor, si lo
golpearon en la cabeza con un fierro, no con un paquete de marshmellows,
qué duda cabe que un fierrazo es lo suficientemente eficiente
para causar grave daño y la muerte de una persona, de manera que no
cabe duda que el criminal actuó con dolo de matar, porque como bien
expone el gran jurista argentino don Eugenio Zaffaroni “… el mero deseo
de que la afectación no ocurra no es un indicio serio para excluir el
dolo …”. En buenas cuentas, cuando aquella persona que tiene el dominio
de la acción final, en este caso
golpear con un fierro la cabeza de una persona, acción apta para
producir la muerte, no detiene el curso lesivo de su accionar, ha
concretado voluntariamente el resultado final, en la especie, la muerte,
porque hay un seguro vínculo entre el fin perseguido y el resultado
producido.
La gravedad de la situación es clarísima, pero la ministra optó por tratar de bajarle el perfil, y así no se combate la delincuencia.
Tampoco se combate
la delincuencia sin que se dote a las policías de todas las facultades
necesarias para combatir el delito y a quienes se dedican a cometerlos,
eso significa que las reglas de uso de
la fuerza deben ser necesariamente en favor de los agentes policiales,
de modo que la capacidad de fuerza de las policías sea efectivamente
mayor que la de los delincuentes, no puede ser proporcional, porque eso
genera un nefasto empate que invita a los delincuentes al desafío.
De ningún modo se podría estimar que se combate la delincuencia
cuando se pretende entregar precisamente a los delincuentes el
monopolio del uso de las armas civiles, ya que la intención del Gobierno
es perjudicar a las personas en su derecho a la legítima defensa, por
la vía de restringir aun
más la adquisición y uso de armas de fuego por parte de los civiles,
dejándolos de esa forma a merced de los delincuentes, que por cierto no
van renunciar al uso de sus herramientas de trabajo, no van a renunciar
al uso de armas, al contrario, si las personas están desarmadas, los
criminales lo que harán es aumentar el número y la violencia de sus
delitos, sin tener ninguna clase de contrapeso.
Bien dijo en la mañana de ayer lunes en las noticias una víctima de una encerrona, que a este país lo que se le está robando es la felicidad; y
si se sigue favoreciendo a la delincuencia por sobre las personas que
respetan la ley, el responsable de que se siga robando la felicidad a
las personas va a ser el Gobierno y eso la gente ya lo siente así.