Los ecos de la música del conjunto musical “Quilapayún” golpean duro por estos días al Partido Socialista de Chile, cuando, aunque desafinados por los acontecimientos recientes, se recuerde aquello de “el partido dará a los que luchan, digno ejemplo de acción contra el mal”.
Y al verso siguiente, con la música de la “Marsellesa”, se señalaba y pedía “socialistas, a luchar, resueltos a vencer, fervor, acción, hasta triunfar, nuestra revolución”.
El Partido Socialista en Chile no pasa por su mejor semana, porque su imagen pública cayó pesadamente.
¿Por qué?
Lisa y llanamente porque, aunque se repita, en forma casi majadera que no hubo delito; que las platas invertidas han servido para “la causa del pueblo” y que, en definitiva, constituían el patrimonio del partido que fue arrebatado por la dictadura de Augusto Pinochet Ugarte, se ha faltado gravemente, según muchos, y se refleja en las encuestas, a los principios, la ética política y se ha ofendido la historia de un partido que afirmaba estar comprometido con los trabajadores, con las causas populares, con los derechos humanos, con el sistema democrático chileno y también compartía algo del llamado “internacionalismo proletario”, cuyo mayor ejemplo es el Partido Comunista (PC), porque al referirse a esas agrupaciones políticas de izquierda hay que denominarlos así: accionista o, mejor o peor aún, inversionistas.
LAS INVERSIONES
Hace unos años, el Partido Socialista recibió una indemnización del Estado de Chile que ascendió, en cifras redondas, a unos siete mil millones de pesos, es decir, siete veces que lo que en nuestro país se necesita para ingresar al uno por ciento más rico de Chile, un par de miles de millones más que los que se habría ganado Natalia Compagnon, la nuera de la Presidenta en una singular operación bancaria, investigada con el nombre de Caso Caval.
Los siete mil millones de pesos fueron entregados como pago por los inmuebles y otros bienes que “la dictadura de Pinochet arrebató a uno de los partidos de la clase trabajadora, a la cual hemos defendido siempre”, afirmaron altos dirigentes del PS.
Y decidieron que un grupo de expertos compañeros economistas y exitosos compañeros empresarios debería asumir la tarea de invertirlos y lograr rentabilidad que iría a tonificar las arcas socialistas y de la revolución.
Otros, desde el “apparatchik” del mismo socialismo, dijeron que la responsabilidad le pertenecía a la “Comisión del Patrimonio”, un ente secreto y aparentemente autónomo de la dirección del partido.
Cierto o no, lo real es que esos dineros fueron invertidos en la Sociedad Química y Minera de Chile (Soquimich-SQM), y en “Pampa Calichera”, ambas de propiedad accionaria de Julio Ponce Lerou, ex yerno del general Augusto Pinochet, cuyo gobierno no fue afectuoso ni amable con la dirigencia menor y la militancia de base del Partido Socialista, después de la caída del Presidente Salvador Allende, y durante los años del régimen de facto.
También invirtieron en las empresas sanitarias privatizadas, con el apoyo entusiasta y público de un parlamentario socialista de Magallanes.
Pero el consejo se lo tomó al pie de la letra y los expertos “brokers socialistas” también metieron parte de esos dineros entregados por el Estado chileno en las empresas concesionarias de las autopistas nacionales, especialmente las que cruzan y recruzan Santiago y las regiones más pobladas de Chile, como Valparaíso y Concepción.
Aparte de proveer empleos en cargos de confianza y asesorías livianas y muy bien pagadas, el Partido Socialista ha logrado que sus inversiones superen, primero, los 13 mil millones de pesos, aunque otros afirman que ya superó los 20 mil millones de pesos, pero no hay confirmación segura de esta nueva cifra.
Pero eso no es todo.
El combativo Partido Socialista de Chile, a través de las gestiones de sus parlamentarios y de los hombres de confianza que logró colocar en la administración pública, con “militantes claves” en Impuestos Internos, sólo por dar el nombre de un solo servicio, logró condiciones administrativas inmejorables y se habría ahorrado el pago de tributos por unos 1.400 millones de pesos que algunos insisten en que se cancelen y ya.
Pero, como “amor con amor se paga”, la dirigencia socialista, sus parlamentarios y sus abogados no persistieron en acciones judiciales contra Soquimich por el financiamiento ilegal de la política chilena en los últimos años ni por los aportes que podría haber en campañas presidenciales ni a otras iniciativas del Ministerio Público que perseguían a personajes cercanos al socialismo y a la Nueva Mayoría.
MAGALLANES
Las raíces del socialismo chileno se plantaron en Magallanes, por la década del treinta del siglo pasado y fueron muy importantes el 19 de abril de 1933, cuando fue fundado oficialmente.
Uno de los tres ex Presidentes de la República que, alguna vez, logró elegir el socialismo chileno, Salvador Allende Gossens, representaba a Magallanes antes de asumir el cargo, que después ocuparía, por dos períodos no consecutivos, eso sí, Michelle Bachelet.
¿Si estuviera vivo, qué diría Allende, derribado por el golpe de estado del suegro del “benefactor” del Partido Socialista?
¿Qué habrían planteado frente a este hecho figuras socialistas tan vitales en Magallanes como Benedicto Cárdenas, Carlos González, “El Viejito” Requena o Guillermo Mell, sólo por mencionar a algunos que han trascendido en la memoria política colectiva regional por su compromiso con las ideas socialistas, por su consecuencia?
Pero ya no están. Partieron y lo que dejaron atrás se fue diluyendo en arreglines y componendas que favorecieron a parientes y amigos que necesitaban un cargo, pasando por alto, hasta “la unidad en la acción”.
¿O es que la derrota de la aspirante DC a la alcaldía de Punta Arenas, Eugenia Mancilla, no fue una “movida” destinada a favorecer a un geriatra que, finalmente, fue derrotado en forma estrepitosa por Claudio Radonich?
Fuentes al interior del mismo socialismo reconocen que esa jugada fue articulada por el senador Carlos Bianchi Chelech para perjudicar a la DC (principalmente a Goic y Morano, entonces muy amigo de Eugenia Mancilla). El senador de la voz potente le ofreció a los socialistas votos para que ganara Ramón Lobos a cambio de que llevaran a una pariente suya como concejala. El plan le resultó al parlamentario. Su familiar está hoy en el Concejo Municipal y él sigue negociando y no sólo con los socialistas, ahora con Alejandro Guillier y los radicales a cambio de que lleven a su hijo, Karim, como candidato a diputado.
En eso ha estado el PS en los últimos meses. Sin duda el partido de la Presidenta ha resultado un buen negociador.