El
informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio
Climático (IPCC) de la ONU concluye que la temperatura media del planeta
llegará a 1,5º grados más respecto a la era preindustrial en algún
momento entre 2030 y 2035, a causa de la actividad humana. Entre otras
cosas, el cambio climático global provocará la escasez de agua y
alimentos, complicando la existencia de la especie humana. De esta
forma, conservar el agua dulce, evitar su contaminación y procurar su
uso racional se ha convertido un desafío urgente para todos los
gobiernos del planeta.
Patagonia,
y en particular Magallanes, es una región privilegiada y consta con
grandes reservas de agua dulce. Sin embargo, lo anterior no la aleja de
sufrir de los fenómenos de sequía o concentración de las
precipitaciones, afectando nuestra economía y la disponibilidad de
alimentos para nuestra población. De esta forma tenemos déficit hídrico
permanente en las últimas décadas principalmente en la estepa
patagónica, tenemos poca disponibilidad hídrica estival en aquellos
territorios tradicionalmente agrícola, observamos la reducción o
eliminación de cuerpos de agua como el Humedal Tres Puentes o la laguna
Pudeto. La escasez de agua nos lleva a casi inevitablemente a crisis en
la producción de alimentos en donde Magallanes tiene una alta
fragilidad.
El
último informe de IPCC afirma que los gobiernos están retrocediendo en
el objetivo por acabar con el hambre, observándose el aumento de la
inseguridad alimentaria y la malnutrición en todas sus formas. El cambio
climático, conflictos de todo tipo y la pandemia elevaron el costo de
los alimentos y los más pobres sufren las consecuencias de ello. La
seguridad alimentaria debería ser un tema urgente de priorizar en la
agenda de la región de Magallanes, ya que somos altamente dependientes y
vulnerables en esta materia, por la lejanía de los centros de
producción de alimentos y el fenómeno de cambio climático. De debe
actuar ahora, antes que sea tarde.
De
aumentar la sequía en Magallanes la ganadería sería altamente afectada
debido a que las vegas sostienen gran parte de la producción. De igual,
forma la escasez de agua dulce en época estival reduce las napas
freáticas en casi todos las parcelas alrededor de la ciudad de Punta
Arenas provocando que los pozos no puedan abastecer el regadío de los
cultivos agrícolas. Ante ello se hace evidente que debemos invertir en
asegurar la disponibilidad del recurso agua, en una región en que es
abundante pero debe ser distribuida o acumulada. Pensar en embalses,
diques o en aumentar los proyectos de agua potable rural es algo urgente
de planificar y ejecutar, de acuerdo al incremento en la demanda del
recurso y las necesidades productivas. De hecho, la ciudad de Punta
Arenas hoy se abastece en un gran porcentaje desde laguna Parrillar
distante a 50 km debido a un planificación e inversión oportuna.
El
cambio climático hoy día es una gran amenaza y Magallanes es altamente
vulnerable. Mientras el fenómeno aumenta, se intensifica y año tras año
adquiere características de irreversible, es fundamental que nuestro
gobierno regional priorice nuestros presupuestos para hacer accesible el
agua a todas las personas, los ecosistemas y los sectores productivos
agropecuarios actualmente vulnerables. El costo futuro del agua no puede
ser traspasado al costo de los alimentos, porque ello afectará
principalmente a los más pobres. Los recursos que necesitamos para
sobrevivir están en riesgo, las condiciones de vida de las personas
están en riesgo, llegó el momento de actuar.