Septiembre: rescate y puesta en valor de la historia

Septiembre,
un mes que sin proponérselo, se ha constituido en emblemático para
chilenas y chilenos, y en general para quienes han adoptado este
territorio como su nueva patria y hogar. Al menos así pareciera, la
Patria celebra su cumpleaños, ese hito que marca hechos y
acontecimientos tan significativos para nuestra nación.

Marca
el derrotero de la libertad e independencia; permite a los próceres de
ayer, a generar los primeros espacios y toma de decisiones, desde donde
surgirán los pilares de lo que ha de ser la nación chilena.

Recorriendo
o releyendo nuestra historia, nos familiarizamos con la compleja y
ardua tarea que significó consensuar ideas, objetivos, acciones que
demandaba el principal objetivo del momento, liberar al Chile incipiente
de la corona española y a la cual estaba subyugada y por ende obligada
no solo al reconocimiento que le debía como colonia, sino que además
esto debía traducirse en el compartir de las riquezas y productos que se
generaban en este extremo sur.

Por
ello que, aquella brillante mañana de septiembre de 1810, más que un
acto administrativo al que la población de Santiago estaba invitada a
participar, era el hecho donde se estaba dando forma y estructura a la
libertad e independencia de un pueblo que la acariciaba y anhelaba como
una quimera, un sueño y que esa mañana, se transformaba en plena
realidad.

Los nombres y apellidos de quienes conformaron la primera junta de Gobierno, aun los retenemos en nuestras mentes y
nos permite de tanto en tanto, emularlos y brindarles un sentido
reconocimiento a esa acción silente, anónima en algunos casos, pero que
contribuyó en gran medida a dar fuerza y forma a una Nación, nuestro
amado y querido Chile.

Cuánto
camino y trayecto recorrido, crisis y problemas vividos; cuántas
calamidades naturales enfrentadas, pero Chile continua y lo hace, porque
intrínsicamente existe un compromiso, una promesa que se plasmó entre
hombres y mujeres no importando la generación pero si valorando la
calidad de ser hijos de una tierra extrema y que se ha forjado a golpe y
tropiezos, caídas y heridas, pero nada de eso logra doblegar su
espíritu y entereza.

Muy
acertada y precisa es la descripción que de nuestro pueblo hace Alonso
de Ercilla y Zúñiga en sus crónicas, reseñadas en la magnífica obra
épica, La Araucana. Ese Chile forjado en las más diversas situaciones,
hoy emerge libre y soberano dando a entender al mundo contemporáneo que
mantiene su sello e identidad como República.

Septiembre
sigue siendo chileno, nuestras tradiciones se enmarcan en un ambiente
en que los símbolos presiden nuestra cotidianidad cívica. La danza
nacional vuelve a retomar su lugar, nuestro himno surge desde cada
garganta dulce y melodiosa, mientras la bandera flamea al viento y en
cada pliegue revive nuestras glorias de antaño enmarcada en nuestro
escudo nacional, orgullo del alma del pueblo chileno.

Es
en este mismo contexto de integración nacional y haciendo eco de las
acciones que ya se venían llevando a cabo, un grupo de mujeres y hombres
concretó el objetivo de llevar adelante la toma de posesión del
Estrecho de Magallanes, acontecimiento que no solo recordamos, sino que
debemos continuar poniendo en valor por su significado e implicancia
para el desarrollo de la región y de sus comunidades más apartadas.

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