Septiembre significa siete meses y tiene su origen en el calendario
Juliano y Romano, que posteriormente fueron cambiados por el Gregoriano
pasando a ser el mes número nueve. Este mes nos evoca muchas cosas,
como la primavera de nuestro hemisferio, donde todo florece y el amor
inspira a poetas y personas que abren su corazón o descubren a su pareja
o “media naranja”, como se suele decir popularmente. Recordando que el
origen y autoría de este dicho corresponde al comediógrafo griego y
principal exponente del género cómico Aristófanes (444 – 385 a.C.) y lo
encontramos en el diálogo platónico conocido como “El banquete”. Esta
expresión de uso común se refiere al alma gemela, queriendo representar a
la persona que se adapta tan perfectamente al gusto y carácter de otra,
que esta la mira como la mitad de sí misma.
Pero
también septiembre evoca tristes acontecimientos mundiales que causaron
estupor, miedo, muerte e inseguridad hace 20 años en la ciudad de Nueva
York, donde perdieron la vida casi 3.000 personas, con la permanente
tristeza que después de 20 años aún el 40% de estas víctimas siguen sin
ser identificadas por los forenses.
En
el caso particular de nuestro país, recordamos dos acontecimientos
importantes, uno que causa aún dolor y división, como la ruptura del
sistema democrático por un golpe de Estado con víctimas que siguen
desaparecidas y cuyos familiares esperan respuesta para lograr consuelo y
cerrar definitivamente el luto. Pero, por otro lado, también tenemos
nuestro aniversario patrio, que nos une en festejos, encuentros
familiares, comidas y bebidas típicas, acompañadas de tradiciones
culturales acuñadas en nuestra sociedad.
En
este mes todas las casas, independientemente de la posición o clase
social de las personas, exhiben nuestra bandera como signo de unión bajo
un concepto común que llamamos patria, a la que nos sentimos unidos
por ser el lugar natal o adoptivo, al cual nos ligamos por vínculos de
diversa índole, tanto afectivos, culturales, históricos o familiares.
La
patria no es simplemente algo banal que se invoca con fines políticos,
apelando a una especie de sentimiento patriótico o nacionalista, que
simplemente busca exaltar el sentido de pertenencia de una colectividad
ante situaciones de amenaza a la seguridad de la nación, guerras o
enfrentamientos bélicos.
La
patria es un concepto más elevado, importante y sagrado que nos une,
que no se inventa ni trasplanta, debido a que es fundamentalmente alma.
Representa el alma común de un pueblo, consensos y comunión de
espíritus, que no se pueden violentar ni torcer, ni tampoco crear por
voluntad de unos pocos. Esta alma común se construye permanentemente,
con tolerancia y respeto a las ideas de los demás por diferentes que
estas sean, dentro de un marco de respeto a la paz, la convivencia
social y la dignidad humana.
Ojalá
que, aparte de los festejos, reflexionemos acerca de lo que puede hacer
cada uno para que nuestra patria y país sea mejor y tengamos una
convivencia basada en el respeto al otro, independiente de la condición o
posición que se tenga en la sociedad.
Tratemos de comprometernos a sembrar en septiembre una tierra fértil que nos acoja a todos y todas.