Ser concejal de Punta Arenas

Ante
una serie de hechos que se han registrado en los últimos días, quiero
dejar claramente establecida mi profunda vocación democrática, lo cual
implica respetar las decisiones de las mayorías, circunstanciales o no,
aunque no sean de mi agrado, pero las normas y las leyes vigentes deben
ser respetadas, tal como lo planteara el ex candidato presidencial José
Antonio Kast.

Respecto
de la distinción que se propicia para el diputado Gabriel Boric,
Presidente electo de la República de Chile, me acogí a la petición que
él mismo formulara al alcalde, Claudio Radonich, y al concejal Germán
Flores, pidiendo que esta distinción no siguiera adelante y si, se
concreta, que sea al final de su mandato y si el trabajo ejecutado lo
amerita, aunque, finalmente, se optó por un camino distinto.

Creo
que, pese a todo, la oportunidad es propicia para dejar bien en claro,
el rol que yo debo cumplir como concejal de Punta Arenas.

Aparte
de ejercer la debida fiscalización al quehacer municipal, acepté ser
candidato y fui electo por casi dos mil puntarenenses para trabajar y
aportar a que nuestra ciudad sea más hermosa, más amable con todos sus
habitantes, especialmente, los adultos mayores y quienes presenten algún
grado de discapacidad, es decir, hacerla más capital de la Patagonia.


Soy concejal no para hacer política menuda ni revivir polémicas y
conflictos que más que unirnos nos separan. Muchas veces he insistido en
extender la estancia de cosas que nos unen y achicar el potrero de las
diferencias, lo cual no es temor sino que la fuerza de mis convicciones.
DIOS, PATRIA, FAMILIA Y UN CHILE UNO, GRANDE Y LIBRE..

Yo
soy concejal para servirle a toda la comunidad, haya o no haya votado
por mí; he apoyado todo aquello que me ha parecido positivo; levanté mi
voz cuando hubo demora en la entrega de leña a quienes lo necesitaban
antes del invierno del año pasado; reclamé cuando hubo problemas con la
calidad del agua que se entregaba; estuve y estoy con los trabajadores
de la multitienda La Polar y espero que el problema llegue a feliz
término; he tenido respuesta positiva de diversas direcciones
municipales cuando he gestionado soluciones para habitantes de la ciudad
que han tenido alguna dificultad personal o familiar, sin pedir ni
cámaras, ni micrófonos, como el repintado de pasos de peatones,
reparación de los resaltos o recuperación de monumentos vandalizados
durante los actos de la revuelta que, literalmente, destruyó parte de
Santiago, estaciones de metro, iglesias, establecimientos comerciales y
dejó un lamentable saldo de sangre de chilenos, uniformados y civiles,
derramada sobre el asfalto o el cemento de las calles y avenidas de
muchas ciudades, incluso Punta Arenas.

Es
por esos y mucho más que he asumido las tareas de concejal de Punta
Arenas; quiero que sea más capital de la Patagonia y no le exijo a otros
que hagan lo que no hicieron cuando estuvieron en el municipio y que
son perdedores porque ya los conocen y le ha negado la representación de
un cargo.

Gracias
a todos y todas a quienes he podido servir, ayudar, consolar, abrazar y
entregarles una sonrisa de apoyo, de ánimo ante la adversidad: a
ustedes me debo y no los defraudaré porque apoyo lo que me parece
positivo aunque vaya por la vereda del frente en lo valórico y lo
político, y, con más fuerza si transitan por caminos que yo estimo
equivocados, oportunistas o mentirosos.

Al
cabo de más de cuarenta años en Punta Arenas, con lazos de amor
imborrables para la excelente mujer natalina con la que comparto techo,
cama y macarrones, como dice un verso de Joan Manuel Serratt, y con
tantos amigos, amigas y conocidos y conocidas, de toda edad, clase y
condición- vecinos todos- sería imposible mentirles o cambian mis
principios y valores y estoy, cada día más, a su servicio como concejal
de Punta Arenas y como periodista universitario, con décadas de
ejercicio profesional… A la antigua.-

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