1. adj. Que sigue a algo anterior o se deduce de ellos
2. adj. Dicho de una persona: Que obra de acuerdo con sus principios.
3. m. Proposición que se deduce de otra que se llama antecedente.
Esta
es la definición del Diccionario de la Real Academia Española, por
cierto muy olvidado, en estos últimos años creo que algunas personas de
esta generación no saben que existe, esto es una apreciación muy
personal, pero en la praxis del día a día, veo con mucha pena que hemos
dejado de lado el diccionario. Recuerdo
el consejo que me dieron cuando expresé lo siguiente: ¿Cuál es el
primer libro que debo comprar para comenzar mi biblioteca? La
respuesta inmediata fue: ¡un buen diccionario! Solo tenía 19 años de
edad. Y eso es lo que hice compre un diccionario, que todavía está en
mi biblioteca. Y como cristiano el primer regalo que recibí de mis padres a los 7 años una Biblia. Así
comenzó la historia de mi biblioteca personal, hoy me extraña mucho
que las personas no apliquen el uso de estas herramientas. Ser
consecuente, esto no es un lógica rígida, mucho menos dejar de lado el
aprendizaje de la experiencia, no estoy diciendo que ser consecuente
nos lleve a actuar para siempre con la misma lógica. Escribo
esta reflexión pues hoy somos testigos de una falta e consecuencia con
mayúscula, se actúa de manera emocional, hablado en general veo con
tristeza una generación basada en sentimientos, ayer podemos estar de
acuerdo con el 10%, hoy no estoy de acuerdo, como ejemplo, aquí es donde
me hace click. Como
bien lo explica Bauman en su libro, hoy vivimos en medio de una
sociedad líquida, en donde no existe una base de sustento,
probablemente se razona con la memoria RAM (memoria corta), necesitamos ser ciudadanos consecuentes y responsables,
necesitamos tener políticos consecuentes, aquí probablemente está el
meollo de la cuestión, durante esto 30 años de democracia, hemos sido
testigos de una mala práctica y mal ejercicio de la política en nuestro
país. Escuchamos
a la generación pingüina denunciar los errores de la vieja política,
hoy ellos en el poder repitiendo los mismos errores, actuando de la
misma manera, haciendo exactamente lo mismo que tanto reprocharon y
enrostraban a los actores “de la vieja política”. La
demagogia, el populismo, la oligarquía, la autoindulgencia y las
extravagancias en la autoevaluación. Si todos y cada uno de nosotros
nos evaluamos como decía me abuela “ni tonto me coloco un rojo”, esto
me demuestra miopía social, realmente hoy más que nunca veo y siento
que vivimos en medio de una sociedad con serios problemas de salud
social. Una
sociedad enferma de resentimiento, odio, ambición, sentimentalismo, la
inconsecuencia, falta de perdón, clasismo, racismo, corrupción, a
propósito, creo que la corrupción es el cáncer de la sociedad, hoy en
día existe un nuevo síntoma de nuestra enfermedad social el victimismo,
todo esto son síntomas del estado en que nos encontramos social y
políticamente en chile. Por favor, no
le carguemos todo esto a los jóvenes protagonistas de nuestra política
contingente, un principio básico es que los hijos aprenden de las
acciones de sus padres, otro es que los discípulos aprenden de las
acciones de sus maestros, nosotros debemos hacer nuestro mea culpa,
reconocer que fuimos los PADRES de esta generación y no fuimos
capaces de extirpar el cáncer social, no fuimos capaces de aceptar,
reconocer y corregir nuestros errores, dar lecciones de probidad, 30
años de democracia y no fuimos capaces de erradicar la inequidad social
(hoy popular y equivocadamente llamada desigualdad), acuso de ceguera
social e inconsciencia política a los viejos actores de nuestra
política, faltó razonamiento, mucha colusión partidista y mal llamados
acuerdo políticos, mucho favoritismo y pagos de “deudas políticas”,
como lo dice el léxico de la calle “arreglines”, dieron paso a lo hoy
estamos viviendo. Termino
reconociendo que mi generación practicó la inconsciencia e
inconsecuencia política social, recuerdas cuando hablábamos “lo
políticamente correcto” otra famosa frase “Ideológicamente falsa” bueno
esto trae consecuencias hoy, debemos ser responsables y llamar las
cosas por su nombre y juzgar moralmente lo bueno y malo con nombre y
apellido, hoy nos enfrentamos a una sociedad que normaliza la
violencia, justifica los saqueos y el terrorismo, una sociedad
inconsecuente, etc.