Seres en extinción o mitológicos

No  nos  sorprende entonces, cuando escuchamos la consabida frase  de  que  aquello  es  el  resultado  de “la modernidad o  producto  de la tan mentada globalización”. “Tanto ha de ser ahora”, refunfuña doña Matilde con  aire  desconfiado  y semblante descompuesto. Es que se jacta de que su crianza fue a la antigua, en donde una sola mirada de sus mayores y era más que suficiente para entender lo que estaba bien o estaba mal.

De  igual  forma  comenta,  el  trato  con  los  padres, era exclusivamente de  “usted. Qué decir de la relación de los jóvenes. Por nada del mundo una niñita iba a tomar la iniciativa en temas sentimentales. Eso era mal visto y de mal gusto. Además, debía contarse con el consentimiento de los padres, y si surgía alguna relación, ésta  quedaba muy bien delimitada en cuanto a horarios de visitas, encuentros, salidas etc.

Nada que ver con lo que le ha tocado ver a la pobre Matilde en la persona de sus nietas, a riesgo de un infarto y sin encontrar una explicación lógica a las conductas observadas.

En días pasados, alojó en casa de uno de sus hijos., queriendo emular lo que hacía cuando ellos estaban en la casa paterna, se levantó y preparó el desayuno para el grupo familiar a modo de regaloneo y considerando que durante la semana todos corren, dispuso de una mesa especial; tostadas, mermelada, queso, mantequilla, leche, pero, los comensales brillaban por su ausencia, es más., recién una de las niñitas llegaba de su “carrete” ¨ y obvio, pasaba directo a acostarse.

Hasta que su hijo se levantó y trató de hacerle entender que el sábado todos se levantaban más tarde y por ende el desayuno no era prioritario, dadas las explicaciones, regresó a su cama.  Matilde, se sentó en  un extremo de la mesa familiar y más que servirse un desayuno, empleó el momento para reflexionar. 

    
De verdad los tiempos ya no son los de antaño. Esta generación posee intereses y costumbres muy diferentes a 30, 40 años atrás. Y pasó por su mente lo leído hace algunos días en uno de los diarios. . . los padres no tendrán acceso a los correos ni Facebook que sus hijos (as) reciban. Y eso, ¿estará bien? se preguntaba.

Recordó también otro caso; en donde el padre fue denunciado por haber disciplinado a su hijo y la policía llegó a buscarlo a su hogar como vulgar delincuente. ¿Así se usará ahora? seguía preguntándose.

Y qué decir de los alumnos en las escuelas y liceos; escuchaba a sus nietos como acusaban a sus profesores (as) con sus padres y los denostaban, consiguiendo en la mayoría de los casos, el beneplácito paterno. ¿Ese será el progresismo del que tanto escucha en conversaciones y discursos en el marco de marchas y protestas? 
Lo cierto que entre cavilaciones más o menos, prefirió silenciosamente, abandonar la casa del hijo y volver a la suya.

Mientras se acercaba, un nudo en la garganta parecía impedirle la respiración y le pareció que el tiempo, en fracción de segundos retrocedía. Añoraba el cariño de sus hijos, el respeto que mostraron por ella y por su esposo que hoy ya descansaba. El saludo y el homenaje que transformaban con sus cantos y poesías para saludarla en el Día de la Madre, le sugirió el acto más sublime recibido por su persona. En el ambiente, le pareció captar el aroma de ese exquisito plato preparado entre padre e hijos para homenajearla y servirle como se merecía, aunque fuera por esa única vez, pero resultaba tan auténtico, sincero y revestido de ese gran amor, que no se percató de como gruesos lagrimones se deslizaron por sus mejillas y raudo como la luz, otro pensamiento cruzó su mente: ¿las madres estaremos en peligro de extinción o nos estamos transformando en seres mitológicos?

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