Servicio de biodiversidad y áreas protegidas

Si bien en pandemia se
ha hecho recurrente la presencia de fauna nativa en las ciudades
producto de la reducción de la actividad humana, lo cierto es que este
fenómeno ha sido común en los últimos años principalmente por la
continua expansión de la ciudad hacia sus hábitats y la adaptación de
los animales a la antropización. En los últimos años diversas especies
nativas se han visto con frecuencia dentro del perímetro urbano; un
cóndor en Ignacio Carrera Pinto; un halcón peregrino en Bulnes, el
humedal y en el zanjón Río de la Mano; un ñuco en el humedal; varios
quiques en el andino; quirquinchos en Mardones; un puma en Hornillas, y
hace unos días una pareja de huemules. Sin embargo, de la misma forma,
se ha hecho frecuente la presencia de fauna invasora. La expansión de la
urbanización, el cambio climático y la intervención de la vegetación
nativa generan condiciones para el ingreso de especies exóticas. En
Magallanes, las chaquetas amarillas, tijeretas, abejorros europeos,
ratas y pulgones del ciprés son ejemplos cotidianos de invasores en
nuestros hogares y jardines. Muchas generan desagrado y sin duda son
focos probables de insalubridad, mientras otras generan desequilibrios
ecológicos, dañando seriamente la flora y fauna nativas. En ambientes
nativos la fauna invas
ora
como rata almizclera, perros salvajes, castores y visones producen
grandes daños y ponen en riesgo la sobrevivencia de muchas especies
nativas.

Frente
a estos problemas, desafíos y amenazas, la nueva institucionalidad
ambiental aprobada en enero de 2010 incluyó el Servicio de Biodiversidad
y Áreas Protegidas, a través de la Ley 20.417, y se mandató al
Ejecutivo a presentar en el plazo de un año un proyecto de le
y
que lo creara, definiendo estructura, objetivos y funciones. Dos
gobiernos de derecha han tenido prácticamente nula voluntad por
materializar este Servicio y los avances más decididos se produjeron en
el Gobierno de la presidenta Bachelet, cuando se realizó una Consulta
Indígena y s
e
sometió a tramitación el proyecto de ley en el Senado. Desde ahí el
proyecto sin prioridad política se ha estancado, y hace dos años duerme
en la Cámara de Diputados. La lentitud en la tramitación del proyecto no
se condice con la urgencia que requiere proteger nuestra biodiversidad.

Hoy
que la tasa de extinción de especies a nivel global tiene valores altos
y crecientes, se requiere con urgencia una institucionalidad que
resguarde efectivamente la biodiversidad y junto a ello genere una
adecuada administración de las áreas protegidas y conservadas de Chile,
marinas y terrestres, con un financiamiento asociado con decisión
nacional y regional y con participaci
ón
ciudadana. Una ciudadanía empoderada de los temas de biodiversidad,
junto a una sólida institucionalidad ambiental permitirán valorar y
proteger la importancia que tienen los diferentes ecosistemas de nuestra
región, como el humedal Tres Puentes o nuestros parques, y así podremos
lucir con orgullo nuestro escudo nacional, que hoy tiene dos especies
en peligro de extinción.

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