Sí, pero…

¡Qué
expresión más socorrida! Latente, presente, omnipresente, en realidad.
Afirmamos algo, expresamos nuestra conformidad y, acto seguido, ya asoma
la restricción, una limitante, un juicio adverso.

Conformidad… inconformidad. Satisfacción… insatisfacción. Acuerdo… desacuerdo. Aceptación… condición. Blanco… negro. Va… y ven.

Es
usual luego de un trance, de un diálogo, y de una decisión concordada,
dar un sí, probablemente meditado, sopesado, y luego de un andar breve,
ver asomar las restricciones, asomar rostros adustos, lo que ya es
suficiente para el rumor, para el titubeo, para un… no, no
necesariamente abrupto, que sí da un nuevo rumbo a lo antes adoptado.

La
proactivividad o ser proactivo implica determinación, una posición
quizás anticipatoria, también significa dominio, control. Una actitud
tal supone reflexión, análisis, conocimiento, que difícilmente admitiría
aceptación de fallos o adversidades. Aun así, un buen conocimiento del
entorno y de las personas partícipes, no siempre asegura dominio total,
seguridad plena.

De
la certeza a la duda. Es muy habitual, mucho más de lo que suponemos,
rondar por la seguridad y hacerle guiños a la inseguridad, a las
restricciones.

¿Qué
significa eso? Que afirmamos algo, y pronto, muy pronto, damos paso a
lo adversativo, a lo restrictivo, sino a lo opuesto. En un momento
conformes, y luego damos a paso a la disconformidad, aunque no total, sí
parcial. Algo es de nuestro agrado y, lueguito, no. Luego de no poco
debate, celebramos un acuerdo, y a poco andar, señalamos restricciones o
condiciones. ¿Cómo? ¿Por qué? ¡Por qué!

¿Este panorama les suena a algo parecido hoy, en el último tiempo, aquí, acá o acullá?

En
las relaciones humanas, en las relaciones sociales, por lo general,
todo es relativo, nada es fijo, estable, o escrito y firmado en mármol.
Hay mucha variabilidad, nada o poco se sostiene férreamente; podrá
asentirse, pero… ; podrá empeñarse la palabra, pero… ; decir sí ahora,
pero… ; son tantos los intereses, serán tantos los intereses creados,
¿serán fundados? Para desdecirse de algo, incluso se recurre al más que
típico paso en falso, es decir, que lo acordado o lo obrado ha sido ni
más ni menos que una “metida de pata”. Es decir, lo comprometido, lo
prometido se anula, queda en nada.

En
el último tiempo, se llega a acuerdo, trámite no fácil, no entre todos,
y no siempre se sabe qué ayudó a ese acuerdo, quizás, para llegar a ese
sí, yo cedo, tú cedes, y luego, conforme pasa el tiempo, asoman las
piedras en el camino, se cortan los puentes, y ya no es sí pleno, tiene
restricciones, tiene peros.

Lo peor, el peor escenario, es cuando se dice sí, pero es no.

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