Sigue el silencio en el caso Harex

Cada
octubre se recuerda un año más del fatídico 19 del 2001, donde un joven
magallánico desapareció de la faz de la tierra sin dejar rastros y
huellas. Ya van 20 años de misterio, dolor, desesperanza y, sobre todo,
una familia doliente que no encuentra consuelo alguno.

Cada
vez que reviso los recortes de prensa sobre este caso aparece la señora
Margot González, madre del joven desaparecido Ricardo Harex, donde me
conmueve en lo más profundo de mis entrañas, sobre todo porque hoy soy
papá de dos niños y me es imposible no sentir escalofríos. Primero,
porque se trata del grito desgarrador de una madre que busca el cuerpo
de su hijo desde hace más de 20 años y a quien se le han cerrado una a
una todas las puertas de la información, haciendo primar un silencio
cómplice, una especie de “omertá” que se aparenta a los bien guardados
secretos de la mafia siciliana.

Más
cerca nuestro, el silencio que rodea este horrible caso me hace pensar a
lo que se conoce como “el pacto de silencio”, guardado por algunos
oficiales castrenses con relación a los detenidos desaparecidos de la
dictadura militar. Además porque estimo que estamos en presencia de un
caso grave de violación de los derechos humanos frente al que las
organizaciones sociales de nuestra ciudad deberían también movilizarse
con fuerza. Como ciudadano y padre, entonces, considero mi deber alzar
con fuerza mi voz y lo hago hoy por esta columna; al igual como lo hice
cuando tuve la oportunidad de ser concejal e intentar, a lo menos, poner
el tema en el tapete constantemente.

“Mientras
no se encuentren los restos y me digan que ahí está mi hijo, siempre
tendré la esperanza de que aparezca vivo”, decía la Sra. González al
pueblo magallánico en algunas entrevistas. Me pregunto entonces ¿qué
alma bien nacida puede ser insensible a este llamado?

¿Qué
hacer entonces por ella, para poder ayudarla, por la justicia?, para
que pueda al fin hacer el duelo que todo doliente necesita para cerrar
un ciclo…

Aparte
de entregarle mi solidaridad, respeto y compasión, me permito entonces
hacer un llamado a los hombres y mujeres de buena voluntad, en
particular a los eclesiásticos que conocieron a Ricardo Harex, a las
autoridades católicas que necesariamente debieron escuchar y atender los
posibles remordimientos o culpas de quien se sindica como el principal
sospechoso del caso, hoy fallecido.

A
quien fue su superior directo, el exobispo Tomás González, al que hoy
quizás no le pueda pedir que hable; pero sí quienes estuvieron a su
lado, que por favor se escuche a una madre doliente. Solo la verdad nos
engrandece, solía decir el cardenal Silva. Pues que se cumpla su legado.

Llamo
a la ciudadanía de Punta Arenas a solidarizar con la Sra. González y a
exigir que la verdad pueda encontrar su camino para hacer justicia.
¡Basta ya de silencio!

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